domingo, 5 de agosto de 2007

Una mirada atrás para reflexionar

Siento el tiempo pasar, miro a mi alrededor y lo veo deslizándose lentamente sobre todas las cosas. Las sombras se alargan cada tarde y el cielo se torna anaranjado, esperando que llegué la fría noche y todo quede oscuro... pero no es ese tiempo el que me preocupa. Siento pasar el tiempo sobre mi piel, llevándose con él mi juventud, sé que no soy vieja, sería una tontería decir lo contrario, pero todo llega... y quiero que llegué, pero no mientras estoy formando castillos en el aire que no sé cuanto tiempo aguantarán.

Falta tan poco, en menos de 3 días cumpliré los 27 años.... 27 años y aún recuerdo aquella madrugada del 8 de agosto, cuando compramos alcohol en el primer bar abierto que encontramos y nos fuimos a la puerta de la iglesia a esperar que el reloj marcase las 2,15 de la madrugada, hora en la que haría exactamente 17 años que yo había nacido. Cuando llegó la hora el Lolo se tiró a mis brazos, tan fuerte que ambos caímos al suelo.... con la botella de vino, el tabaco, más borrachos que otra cosa y felices. ¡Tenía 17 años! ¡El mundo era mío! Nos tuvieron que levantar del suelo entre 4, mi hermana, mi prima, mi tía y el Félix formaban el extraño sexteto que me acompaño esa noche a una edad que yo veía como algo espectacular. Casi todos quieren cumplir 18, yo no... ¡Yo quería tener 17! Quería tener 17 años para siempre... Con la fuerza que eso supone, con la alegría que te proporciona saber que dentro de poco serás mayor de edad y el mundo te espera, que esta ahí, al alcance de los dedos pero que aún eres una niña, que aún puedes no ser fuerte, berrear, enviar a todos a la mierda porque esa edad lo permite, aún no tienes que ser responsable, aún puedes hacer locuras, nadie te juzgará por hacerlo... al fin y al cabo, solo tienes 17 años...


¡Adoraba los 17!


En 56 horas (menos cuando he terminado este post kilométrico) habrán pasado 10 años de aquella de noche... ¡10 años! ¿Saben todo lo que ha pasado en ese tiempo en el mundo? ¡Mil cosas! Pero... ¿y en mi vida? ¿que ha cambiado en mi vida en estos 10 años? Quizás es el momento de reflexionar.


Cuando tenía 17 años pensaba que era virgen, que bonito, ¿verdad? Mi cerebro había borrado los recuerdos de una fatídica noche en la que un hijo de puta decidió que sus necesidades están por encima de la inocencia de una pequeña de 6 años que dormía plácidamente en su cama.


El primer contacto con el mundo sexual fue el que despertó esos fantasmas que parecían esperar tras una puerta, al acechó, a que yo bajara la guardia. Volvieron todos juntos. Una noche, mientras las caricias del que era algo así como mi novio me volvían loca de placer, un roce dentro de mis braguitas y sus ojos cambiaron de azules a marrones, su pelo del tono de la paja y liso a un castaño y rizado, su cara no era de amor, solo veía un fantasma con ojos de loco metiendo sus dedos en mis bragas. Grite, dije que no, o lo intenté y mis suplicas quedaron enmudecidas por el miedo, no lo sé. No sé si se quedaron mis gritos ahogados en mi garganta o él los pudo escuchar, solo sé que le golpeé, con lo primero que encontré cerca, con todas mis fuerzas y salí corriendo, intentando entender porque me sentía así. Porque solo quería gritar que me había violado. Le odie. Sin haberlo merecido, sin haber hecho nada, le odie y él me amo. Me amo y me perdono, sin saber porque era así con el, porque le gritaba que le odiaba, que solo estaba con él por divertirme, que no me importaba nada él, su vida o lo mucho que me quisiera.

Esta situación de terror absoluto hacia el genero masculino me llevo a abrir horizontes, o sea, al mundo lésbico, para ser más clara. Sino podía estar con un chico porque me sentía tan mal, tan asustada y tan consumida que me quería morir, quizás una chica pudiera solucionar eso... Así que lo probé. Besar a una chica no era extraño, no se me hizo ni raro, ni asqueroso, ni antinatural, de hecho, era lo mismo que había sentido al besar a muchos de los chicos con los que había estado antes. Y, bueno... empecé algo así como una relación con una de ellas. ¡Pobre! ¡Otra que pago los platos que otro había roto! Cuando pasamos a mayores, era excitante, era una mujer y yo otra, nos podrían haber pillado porque lo hacíamos en su casa, con sus padres en la habitación de al lado, pensando que eramos solo amigas. Hasta que llego ese momento de nuevo. A ella no la golpeé, aunque también fui cruel. Después de aquello no la quise volver a ver, nunca.


Todo esto me hizo saber que no eran los demás los que fallaban, algo fallaba en mi. Pero no sabia el qué, no quería saber...


Me junte con mala gente, siempre he tenido mucha suerte y eso es que lo me lleva a no estar fichada por la policía. Iba con putas, chulos, traficantes y ladrones. Robé, bebí, fumé y a punto estuve de prostituirme, pero claro... el sexo me daba miedo.... casi tanto como las drogas, el miedo me mantuvo alejada de un mundo en el que, si hubiera caído del todo, no sé como habría salido. ¿Como salí? Ni lo sé bien, solo sé que cuando vi a la policía metiendo en el coche patrulla a la gente con la que iba pensé Yo no quiero terminar así y desaparecí de allí. Pero no querer terminar en la cárcel no significa que ya me quisiera un poco más. Caí en la anorexia y en la bulimia, solo pensaba en destruir mi cuerpo, si mi alma dolía tanto, ¿porque mi cuerpo seguía tan bien? Volví a las clases que había abandonado y volví a relacionarme con gente "normal" para alegría de mis padres que ya me habían hecho las maletas para que me fuera de casa sino dejaba de darles disgustos, y eso que ellos no saben nada de lo que paso....

Una tarde, entré a mi casa y encontré a toda mi familia en el sofá. Un nudo en mi garganta y me faltaba el aire, miré a una persona, solo a una, hacia 11 años que no le veía, pero era como si el tiempo hubiera retrocedido y yo tenia de nuevo 6 años y ese hombre me miraba con una cara de loco mientras metía sus dedos en mis braguitas. No sé ni que dije, solo salí de aquella casa y pasee por mi pueblo sin rumbo, hasta que los pies no podían más y mi mente no conseguía hilar un pensamiento con otro. No le encontraba sentido a nada, así que quise borrarlo todo de nuevo, sacar esas imágenes de mi mente y seguir negándome la realidad.


Una cosa llevo a la otra y conocí a un universitario de 20 años bastante torpe, tímido y divertido. En tres meses estábamos saliendo, a los cuatro decidí que ya era hora de quitarme mis miedos y me acosté con él. Fue horrible. Aunque lo peor fue su frase al terminar "¿estás segura de que eras virgen? No has sangrado" (este chico tuvo tres grandes frases en nuestra relación, esa fue la primera) aún recuerdo como me encerré en el baño de su casa a llorar, pase horas allí dentro, con su pregunta rondando mi cabeza. ¿Estabas segura? ¡No! No lo estaba, pero no me lo quería preguntar. Daba demasiado miedo saber la respuesta, la ignorancia era mejor. Esperaba que después de aquello no me llamase más, incluso lo deseaba, así podría odiarle a gusto, pero llamo. A partir de ahí todo fue mejor. Hubo problemas entre su grupo de amigos y el mio, pero lo superamos como pudimos (dejando a los dos grupos de lado) y seguimos adelante.
Mientras mantenía esta relación los médicos me encontraron una enfermedad en los ovarios que puede que me imposibilite para tener hijos. Recuerdo las palabras del médico y como me dolió escucharlas. Tenía 18 años, no quería tener hijos aún, no lo había pensado, pero no quería que me lo negasen. También recuerdo la segunda frase de nuestra relación "¡Joder! Y yo tan preocupado cuando no te venía la regla" no sé si me sentí peor cuando el medico me dijo que quizás no pudiera tener hijos o cuando esta fue toda su respuesta.
Esto nos llevo a mantener relaciones sexuales sin ningún tipo de protección, "¿para que voy a ponerme un condón si tú no puedes quedarte embarazada?" me decía y yo no le negaba nada. Así que un buen día sentí un terrible dolor de barriga, muy fuerte y empecé a sangrar, fui al lavabo y la sangre era demasiado. Me asusté. Al cabo de unas horas los médicos me decían que fuera con más cuidado que acababa de tener un aborto natural y que era muy joven para tener hijos. Una pequeña luz de esperanza se abrió ante mí. Si me quedé una vez, podré volver a hacerlo. Este aborto era uno de mis últimos secretos, algo que no sabia nadie más que yo y los médicos.

Una tarde, en casa de mi tía, con mi tía, mis primas y mi hermana, mi novio me abofeteo. Por encenderme un cigarro. A partir de ahí todo fue a peor. No sé cuanto tiempo tarde en hacerlo, pero le dejé. ¿Cuando? Cuando ya no podía hacer otra cosa que dejarle o seguir hacia adelante con él, con lo que el anillo de pedida significaba. Nunca pensé que cuando me pidieran en matrimonio tendría tantas ganas de llorar, gritar y huir... pero las tuve y huí.


Pero la suerte parecía no estar de mi lado. Busqué consuelo y lo encontré en los brazos de un amigo, de un buen amigo que tardo poco en bajarme las bragas, no es que fuera una santa ni mucho menos, pero estaba muy mal en ese momento, supongo que él aprovecho la situación...
Ese polvo me costo una relación de 5 años, 6 meses y 7 días. No siempre fue una relación mala, pero su primera infidelidad de la cual me enteré el día que hacíamos 2 años me mato, rompió algo dentro de mi. Había conseguido superar muchas cosas y, su traición trajo mis miedos de vuelta. Esa no fue su única infidelidad, hubieron más. Con dos chicas, una de ellas es su actual pareja ahora, así que supongo que el día que yo decidí romper nuestra relación fue uno de los días más acertados de mi vida.

Durante esta relación, un hermano de mi madre murió, a causa de esto todos los hermanos decidieron volver a unirse y eso le devolvió a mi vida. El día de la comunión de una prima ya no pude negar más la realidad. Cuando le vi y me tocó todo volvió, no como lo había hecho antes, en una sucesión de imágenes sin sentido ni lógica, fue como un todo. Recordé como desperté en aquella camilla del hospital sabiendo lo que me había ocurrido. Fue difícil soportar su presencia. Y no fue más fácil tenerle que soportar en cada reunión familiar a la que tenía que ir. Tampoco lo fue que el que era mi pareja decidiera no acompañarme a ninguna, por mucho que me faltara el oxigeno cuando le veía.
Pero lo superé, aún duele, aún quema, aún cuesta respirar, pero ahora es él quien aparta su mirada ante la mía. Ahora es él quien no se atreve a acercarse a mí. Y, gracias a que mi madre es una cotilla, puede que no tenga que volver a soportar su presencia nunca más.



Ahora tengo casi 27 años y tengo a Sol. Todos sabéis quien es Sol, he hablado un millón de veces sobre él. Sol es... ¿mi novia? Suena raro llamarle así, puesto que nunca le he besado, ni he tomado su mano, ni me he acurrucado contra su pecho a mirar las estrellas. Pero Sol es la persona a la que más le he mostrado mi alma, al que se la he entregado con los ojos cerrados sin importarme que haga con ella. Él cambió mi mundo y el cambió ha sido a mejor, a mucho mejor.

Sé que estos días le he estresado, con mis paranoias, con mis miedos, con mi depresión pre 27 y mis tonterías, pero hay veces que necesitas caer muy bajo para poder ver la luz. Y la he visto, la he visto y sonrió... ¿que son 27 años? Nada... pienso morirme muy viejecita y habiéndote hecho el amor tantas veces como estrellas hay en el cielo.

De nuevo me había vuelto a obsesionar con las cosas que hay que tener con 27 años, ya sabes, esas cosas que en el fondo no me importan nada, pero ahora estoy bien. Sonrió de nuevo. Te amo, me amas y no importa nada más. He resumido mis últimos años en unas lineas (sí, muchas, lo sé. ¡Coñe! Que son 10 años) y he cerrado una parte de mi vida, esa que cerré cuando te conocí y vi que podría ser feliz, que solo tenia que intentarlo y no dejarme arrastrar por la corriente. Que no importa lo que piense nadie, ni lo que se supone tengo que tener, hacer, decir o sentir con 27 años, solo importa lo que yo haga, diga o sienta a los 27 y cada día de mi vida.

Ya falta poco para mis 27 y los esperaré de nuevo, sin la botella de vino y sin el tabaco, pero igual de expectativa y sonriente como esa noche de hace 10 años porque, como yo dije hace algún tiempo...

¡Hostía puta, que sí soy feliz!



Esta sonando Estoy muy bien de Extremoduro.

5 comentarios:

Neferura dijo...

Menos mal que la edad ya no te haga rallar aunque supongo que es normal (no lo sé) Me alegra que estes feliz.

Miss Lawliet dijo...

Y a mí me alegra que tú estés aquí (o allá, que más dará) para hacerme ver lo bueno que tiene nuestro amor, que no es poco, a pesar de todo.

Ariniel dijo...

holo :)
Pues nada, que jo, con lo bien que estaríamos viviendo cerca y celebrando tu cacho de cumpleaños :D

Un beso nena. Y que guardes muy buenos recuerdos en los proximos 10 añetes :D

Gabriela Clayton dijo...

es... muy fuerte todo lo que cuentas, qué vida, y lo mejor es que sigues aquí, yo tan débil y con todo eso no lo hubiese podido soportar

felices 27

Anónimo dijo...

Hola que tal soy Marta, por casualidad he llegado a tu blog y he de decir que me ha gustado bastante, ya que soy muy aficionada a la fotografía erótica amateur, y a los relatos eróticos. Yo también tengo un blog de temática erótica, si quieres conocerme mejor no tienes más que visitar el enlace que te he dejado abajo.

Porno Casero Amateur

Te animo a seguir publicando.

Besos.

Marta.