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jueves, 5 de junio de 2008

Vacío

¿No les parece que a veces mantienen luchas internas tontamente? A mí sí. Hace mucho tiempo que empezó la mía, una en la que intentaba convencerme de que lo que sentía no lo sentía en realidad. Casi lo logré, casi olvido todo lo que ella me hacía sentir, el color de sus ojos, el sabor de sus labios, lo dulce de sus caricias. Cuando me despertaba cada día me daba cuenta de que me estaba volviendo más insensible, esa era mi manera de olvidar, olvidarlo todo. Así borraba el sufrimiento, pero también borraba todo lo demás. Hasta que pensé que no quedaba nada en mí, ni un sólo sentimiento bueno o bonito dentro de mi corazón que parecía una fría roca. Sé que es una tontería decir que el corazón es el que ama, que sólo es un órgano que se encarga de enviar sangre al resto del cuerpo y que todo es cosa del cerebro, pero realmente así me sentía.

Hay cosas de las que no me siento orgullosa, he cometido errores y he caído en otros como una ciega, pero indudablemente he de decir que volvería a caer, una y otra vez si con esa caída la tengo a ella. Hace tiempo que pienso que quizás es demasiado tarde, que realmente ya la he perdido, que sus labios no me lo dicen pero que ella ya no es mía. Puede que sea tan sólo un sentimiento, miedo a que el dolor causado venga a mí, a que nadie tenga en cuenta las lágrimas que ya he derramado.

No soporto la distancia, me da vergüenza decirlo, pero es así. Me duele cada centímetro que nos separa en la piel, como si cada uno fuera un corte en ella. Siento cada minuto en el pecho, aplastándome, parece que tengo un peso en el pecho que no me deja respirar si no la tengo a mi lado. Noto tu ausencia, siempre; cada minuto de cada hora de cada día. Sueño con los días que pasarás a mi lado y sólo puedo pensar en la despedida, de nuevo la maldita y odiosa despedida.

Realmente hay días que pienso que no lo lograré, que sucumbiré al dolor de tu ausencia y me marchitaré como una flor arrancada de la hierba y expuesta al sol. Sé que no es culpa tuya y sé que sientes que parece que yo te exijo que estés a mi lado y tú no puedes hacerlo. No es eso, pequeña, no te exijo nada. Es sólo que realmente me encantaría que estuvieras aquí y poder besarte cada vez que se me antoje para llenar el vacío de mi pecho con tu calor.

martes, 18 de marzo de 2008

Desperté

Hace unas tres horas que he despertado de pronto y no he vuelto a poder dormirme, a pesar de que no hacía ni cinco horas que me había dormido. Es raro, ¿no?
A veces despierto a horas intempestivas, sin saber bien el por qué, a veces me consuelo pensando que es por ti. Que en la otra parte del mundo tú estás pensando en mí. Y que lo haces tan fuerte, tan angustiada, tan desesperada, que mi alma escucha los gritos desgarradores de la tuya y me despierta para hacerte saber que no estás sola. Sí, parece una tontería, lo sé, pero ya sabes como soy. Una romántica empedernida que va de dura por la vida y que no puede dejar de pensar que cada vez que siente un cosquilleo en su cuello es que son tus labios que se mueren de ganas de besarme. ¿No te lo había dicho? Soy una romántica, y tonta, si no lo sabías, ya es hora de que te des cuenta.
¿Sabes porque no puedo volver a dormir?
Yo no. Me siento rara, como angustiada, triste, sola. A veces me pasa eso sin saber bien el por qué. Es como cuando simplemente estoy feliz sin motivo alguno, sólo que al revés. Ya sabes... en versión triste. Entonces es cuando el mundo se me hace cuesta arriba, cuando miro el calendario y lo veo alargarse, cuando olvido que recuerdo el sabor de tus labios, cuando pienso que tal vez hace mucho que tú olvidaste mis besos. ¿Tengo que repetirlo? Soy tonta, ya lo he dicho mil veces hoy... No hace falta que me digas que no lo has olvidado, no hace falta que me digas que no estoy sola, no hace falta que me digas que pronto estaremos juntas. Lo sé. Es sólo que ahora no lo puedo ver. A veces esas cosas pasan, ya lo sabes. Al igual que sabes que me pasa más cuando anochece. Igual que sabes que me pasa más cuando estoy sola.
¿Crees que es por el silencio? Tendría sentido, ¿no? Todo está tan callado que ahora es cuando mi corazón más se escucha, ahora no puedo acallarlo, ahora es cuando me grita fuerte y no hay nada que lo detenga. Por eso no me gusta estar tan sola, porque es cuando más duro golpea, cuando más difícil es sonreír, cuando no hay que hacer teatro ante nadie y me dejo arrastrar por estos sentimientos que llegan cuando más despistada estoy. Estas veces es cuando pienso que, da igual lo que haga, que todo me aleja de ti, que no lo lograré, que da igual cuantas barreras destruya; cada vez que derribo una, otra se alza más fuerte y poderosa que la anterior. ¿Cuantas barreras nos quedan por destruir? ¿Qué ocurre si no podemos con todas? ¿Y si, al tirar una, nos aplasta debajo? Hay tantas preguntas, hay tantos miedos. No quiero contarlas, a veces prefiero cerrar los ojos y dejar que se alejen un poco, taparlas con niebla y no verlas durante un rato, si no las veo, parece que no existen. ¿Es mejor así? ¿Es bueno engañarse para ser un poco menos triste? ¿O se es más triste aún? Dicen que la ignorancia es la felicidad. Cuan real es esa frase, cuanto más sabes, más infeliz se es, pero, ¿realmente es mejor vivir ignorando la verdad?
No habló de si es feliz o no, sino de si es mejor.
No sé... creo que ya estoy divagando. ¿Será por el sueño? ¿O quizás es la ausencia del mismo? ¿O la tuya? La verdad es que tu ausencia es la que más sueño me arrebata. ¿Sabes? Nunca he dormido tan bien como cuando dormía abrazada a ti. Sintiendo la calidez de tu piel, escuchando el latido de tu corazón que parecía ir acompasado con el mío. Sabiendo que, al despertar, estabas a mi lado, abrazándome y que no ibas a soltarme, nunca.

Creo que ya sé porque no puedo dormir...

¿Sabes? Aún recuerdo cuando lo dijiste, aún sabiendo que no debías decirlo, aún sabiendo que era imposible, aún sabiendo que no serviría de nada. Pero hay algo que no sabes. No sabes que no es que yo no quisiera oírlo. Oírlo me hizo feliz, lo que no me hizo feliz es saber que no podía cumplir lo que más deseaba en esta vida. Y me meto en mi cama, fría y sola, y recuerdo tu voz, diciéndolo, una y otra vez dentro de mi cabeza. Es triste y duele, pero me hace feliz a la vez. No sé si soy contradictoria o bipolar, ¿tú que crees?
¡Ah, sí! ¿Que aún no sabes de que hablo? Es que a veces olvido decir las cosas más importantes. ¿O será que me prometí ser fuerte y no quiero ponerme aún más triste? No sé, a veces no sé ni que digo... Aunque creo que tú sí sabes de que hablo.

Ojalá hubiera podido quedarme en esa cama contigo para siempre...

viernes, 7 de marzo de 2008

Distancia

Hay veces en que descubres que otros han dicho lo que tú sientes hace mucho y, que no sólo lo han dicho, sino que le han puesto música y ritmo. Un ritmo que son como tus latidos.

Habeas Corpus -Distancia



Me pregunto y te pregunto, si existe el cielo y si existe el infierno.
Y si es posible que estemos los dos en los dos, casi al mismo tiempo.
Me pregunto y te pregunto, si es posible vivir en un sueño estando despierto.
Si cuanto más despierto me siento, mas se alejan
mis pies del suelo.
La respuesta que busco en tus labios,
la descubro
en tus ojos que cuando me miran, me lo dicen todo.

Y maldigo una y mil veces esta distancia que va de tus manos a mis manos.
Es entonces
cuando más te pienso.
Es entonces cuando más te sueño.
Es entonces
cuando más te quiero.

Busco a mi alrededor y no encuentro nada.

No veo nada, que no sea esta distancia.
Nada que no seas tu, y esta
distancia.

Me pregunto y te pregunto, si te puedo tener sin tenerte y tocar sin tocarte.
Si es posible no verte y mirarte.

Me pregunto y te pregunto si se puede morir de dolor recordando un instante.
O simplemente
abrazando tu imagen.

Mientras busco entre mis esperanzas la esperanza
de nunca perderte.
La esperanza en que este sueño dure cuanto menos
para siempre.
Y maldigo cada segundo que no paso a tu lado.
Cada instante
en que quiero y no puedo.
Es entonces
cuando más te pienso.
Es entonces cuando más te sueño.
Es entonces cuando más te quiero.

Busco a mi alrededor y no encuentro nada.

No veo nada, que no sea esta distancia.
Nada que no seas tu, y esta distancia.

Nada que no seas tú.
Nada si no estas tú
Nada que no seas tú
Nada si no estas tú.


Busco a mi alrededor y no encuentro nada.

No veo nada, que no sea esta distancia.
Nada que no seas tú, y esta distancia.

Busco a mi alrededor.
Busco a mi Alrededor y no encuentro nada.

Y no encuentro nada.
No veo nada que no
sea esta distancia.
Nada que no seas tú y esta distancia.

lunes, 3 de marzo de 2008

Cada cosa en su lugar.

He decidido poner cada cosa en su sitio. Al principio, cuando cree este blog, lo metía todo aquí, pero soy una maniática del orden, pues he decidido poner todo un poquito mejor.

Ahora tengo un LJ, al que no doy mucho uso porque nos odiamos mucho el uno al otro, pero bueno... Llamado La Vie Dans Rouge. (Se llama igual que este blog. ¡Viva la originalidad!) Ahí está y me sirve para tener una friend list muy ordenadita. Con lo que me gustan a mí esas cosas todas bien puestecicas y tal. Pero allí pondré las cosas más frikis; cosas sobre fics, harry potter, series que me vician, música y esas cosillas.

También tenemos, Maya Takameru y yo, una página web para publicar cuentos. Retorciendo Palabras. Así que los cuentos irán allí. Sé que aquí ya hay algunos publicados, pero los iremos (porque yo sola, capaz soy de borrar la página) moviendo poco a poco.

Y, a todo esto, ¿que es lo que se va a publicar aquí? Pues las demás cosas. Mis sentimientos (que es casi todo lo que siempre he publicado aquí) y mi manera "especial" de decir según que cosas. Así que ya sabéis, según lo que queráis leer, un sitio u otro.


viernes, 4 de enero de 2008

La vida es corta





Rompe las reglas








Perdona Rápido







Besa lentamente







Ama
verdaderamente









Ríe incontroladamente








Nunca te arrepientas de nada
que te haya hecho sonreír






La vida puede no ser la fiesta que esperábamos,
pero mientras estemos aquí...



¡Queremos bailar!

jueves, 13 de diciembre de 2007

YO

A veces la vida tiene que plantarte en la cara las cosas para que las veas, hay veces en las que te tiene que dar una patada en el culo para que te levantes y te des cuenta de que lo que de verdad quieres, lo que siempre has buscado, lo que de verdad te importa, está ahí, delante tuyo, que lo tienes a tu alcance, pero como nunca te habías parado a mirarlo dos veces, no te habías dado cuenta de que lo tenías.

Yo siempre había pensado que era lo que quería, que era lo que necesitaba, que era lo que me iba a hacer feliz. Y había ido juntando cosas, consiguiendo todo lo que necesitaba para ser feliz, pero sin serlo de verdad.

Y conocí a alguien que me abrió las puertas de un mundo que era casi impensable para mí, me tomó de las manos y me dijo que había que saltar, que siempre hay que saltar. Y salté... Sin mirar atrás, ni abajo, sin importar nada más que ese salto y su mano aferrada a la mía para siempre.

Hace casi un mes que volví al mundo real, a ese que nunca comprendía bien del todo, pero ahora es distinto, porque ahora sí sé lo que de verdad busco, lo que de verdad quiero. Cuando salté vi algo nuevo para mí, allí, al final del camino había una chica. Era de piel pálida como la luna, cabello rojo fuego y ojos verde esperanza.

Me habló, con una sonrisa pintada en la cara, con alegría en la mirada, con la piel llena de caricias y los labios de gracias. Me dijo que la había salvado, que llevaba años gritando y nadie la oía, que había intentado todo por poder vivir, que sentía que se había estado ahogando en un mundo sin sentido, en una vida que no deseaba y que, por un momento, se había rendido. Me habló de sus sueños, de esos que había roto cada día, de como había soportado el dolor de verse alejada de todo lo que de verdad deseaba tener. Y tomó mis manos con fuerza de nuevo para agradecerme que la hubiera liberado, que hubiera sido capaz de romper esa jaula de cristal en la que vivía encerrada.

Y me besó, un beso profundo, sincero, lleno de amor de verdad, de agradecimiento, de vida, de esperanzas, de sueños, de alegría por ser libre por fin. Al abrir los ojos estaba sola de nuevo, pero no lo estaría nunca más. Esa pelirroja que había liberado me acompañaba cada día y, ahora que es libre y sabe lo que de verdad necesita, no se callará nunca más.

Esta pelirroja ha visto el Sol y quiere volver a tocarlo con las manos para poder sonreír cada día de su vida y agradecerle por haber iluminado el camino que tenía que seguir, por haberla convertido en ella de verdad. Quizás ella no lo sepa de verdad, pero la Pelirroja sabe que aunque fueron sus manos los que abrieron la jaula donde ella misma se había encerrado, fue la luz del Sol la que le dio la fuerza para luchar por la vida que de verdad quería vivir.

Gracias a mi Sol por haberme dado todo y haberme hecho más YO que nunca.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Soñándote

Mis parpados caen en silencio, chocando uno contra el otro, esperando que llegue la noche y con ella, el sueño, ese mundo donde todo puede ser...

Esta noche te he soñado y, entre sueños, te he amado. No sólo en sueños te amo, ya lo sabes bien, pero ahora son los sueños el rincón donde nuestros labios anhelantes se entregan besos de amor prohibidos y se dicen locuras al oído. Es en sueños donde nuestras bocas susurran el nombre de la otra entre gemidos de placer ahogados y caricias bajo blancas sábanas. Esta noche te he soñado así. Tumbada entre blancas sábanas, con el cabello revuelto y los labios rojos de tanto entregar besos a la otra.

Y desperté...

Desperté buscando tus labios entre mis mantas, buscando tus caricias entre mis manos, buscando tu perfume en mi piel. Buscando encontrarte en algún lugar más cercano que la oscuridad de mis sueños desesperados.

Me levanté, buscando tu sonrisa en los rostros de los extraños sin encontrarla. Buscando tus caricias en otras manos que no supieron darme el calor de las tuyas. Buscando tu mirada llena de amor y cariño en ojos que no saben mirarme como tú lo haces.

Salí a la calle y te busqué. Mis pasos se volvían acelerados, ansiosos, desesperados. Giraba rostros para mirarlos buscando un resquicio de ti en ellos... y no te hallé. No estabas en ninguno. Vi tu cabello, pero no tenía tu olor, ni tu brillo, ni tu tacto. Vi tus ojos, pero no estaba mi rostro dibujado en ellos. Vi tu piel, pero no tenía un camino de besos hechos con mis labios. Sólo eran imitaciones de ti, copias absurdas de alguien imposible de copiar. No existe nadie como tú, no me pueden engañar.

Lloré. Lloré gritando tu nombre al frío viento, levanté mi rostro al cielo pidiendo un poco de tu calor, le supliqué que me trajera un poco de ti. El cielo estaba tristemente gris. Sentí frío en mí interior y mi piel se erizó. El frío me invadía cada vez más y mis tristes lagrimas se congelaban contra el viento de ese invierno que amenazaba ser terrible sin ti.

Caí. Hincada en el frío asfalto de esta maldita ciudad, llovía mientras mis manos golpeaban contra el suelo y mis ojos inundaban de llanto las aceras. La gente me miraba sin decir nada, el cielo escupía su furia contra mí, ni un solo rayo de sol iluminaba mi vida. El mundo me daba la espalda mientras me consumía el dolor de la soledad más terrible que existe. La soledad de ti. La soledad que duele de verdad porque no estoy sola pero sí lo estoy porque no te tengo a ti.

Mi cuerpo se fundía con el suelo, haciendo que mi color se perdiera entre llanto y lluvia. Vi el rojo desaparecer y empecé a llenarme de gris. De gris asfalto, de gris edificio, de gris acera olvidada, del gris más triste que existe, del gris que no es más que ausencia de ti. De nuevo supliqué al cielo por un poco de ti, por un poco de luz, un poco de calor, un poco de sol. Sí... eso necesito, un poco de Sol. Pero hoy no hay Sol para mí.

Fijé mi vista en el reflejo que llanto y lagrimas habían hecho al transformar en espejo el asfalto de la ciudad. Mis ojos se entraron con ellos mismos reflejados en el gris de la ciudad donde tú no estás, pero algo cambió... Calor. Sentí calor. Miré mis ojos y te vi. Dentro de ellos estabas sonriente, mirándome y preguntándome porque lloraba.

-Porque no estás...

De nuevo sonríes, con la boca, con los ojos, con el rostro y con las manos. Me sonríes a mí, con felicidad en la mirada y deseo en los labios. Escucho tu voz susurrante, diciéndome que te busqué bien, que no desesperé, que mis ojos me engañan porque tú sí estás ahí. Y otra vez calor. En mí, creciendo, extendiéndose por mi cuerpo hasta salir de mí. Y veo luz en la calle, levanto mi rostro y ahí está, en el cielo, inmenso y lleno de ti, un gran sol que ilumina mi mundo y que trae olor a ti.

Me levanto del suelo despacio, extendiendo mis brazos intentando llenarme de ti, de él, de nosotras dos. El mundo gris se va desvaneciendo cuando el sol salpica con sus colores todo lo que me rodea. Y te veo de nuevo, saliendo de mi charquito de lagrimas para abrazarte a mí y no soltarme jamás. Me rodeas, me envuelves, me llenas de ti y desapareces de nuevo, pero no te has ido. Mi mano se dirige suave hasta mi corazón y se detiene en él. Lo escucho latir, suave y tranquilo, y dentro de él, te escucho a ti, repitiendo un te amo por cada latido que da él.

No estoy sola, nunca lo estoy, nunca me dejas, ni nunca me dejarás. Ahora lo sé. Pueden haber mil ciudades grises y un millón de días de lluvias, pero el sol siempre luce fuerte y poderoso en el cielo, dejando su calor en mí. Y, como una vez te dije hace tiempo, tú eres mi Sol, mientras haya amanecer, habrá Sol para mí.

martes, 20 de noviembre de 2007

9 de Noviembre

Miro el reloj, son las 5:25 y mi jefe me sonríe y me dice "Anda... vete ya", creo que nunca he acatado sus ordenes tan rápido. En menos de 7 minutos estoy saliendo por la puerta de la Nissan mientras las rodillas me tiemblan y el corazón late acelerado. Cuando entro por la puerta de casa veo que la luz del comedor sigue encendida, mi madre, como prometió, continua despierta. Agarro las maletas y empiezo a gritar casi histérica, comprobando una y otra vez que el dinero, los pasajes y el pasaporte me acompañan. La despedida me parece exagerada, "¡Ni que me fuera a la guerra!" repito una y otra vez entre abrazos e intentando que mi madre deje de llorar. Por el camino al aeropuerto tengo que mirar mal a mi madre un par de veces para que vuelva a arrancar el coche y me lleve hasta el aeropuerto. De nuevo, más lagrimas y, por fin, me suelta.

Los primeros pasos en lo que es mi primer viaje sola, son liberadores, las piernas ya no me tiemblan y una sonrisa se va dibujando poco a poco en mi cara. El tiempo pasa extraño. En un rato estoy en Madrid y es donde me doy cuenta de que facturaron mis maletas hacia Monterrey... ¡Y yo no voy a Monterrey! Con las instrucciones de salir cagando leches en cuanto llegue al DF para hablar con alguien de Iberia y detener mis maletas, continuo mi viaje. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy sobrevolando el atlántico con una enorme caja de caramelos (que no resultaron ser de regaliz >.<) y calmo mis nervios hablando con la chica que se sienta a mi lado, que es del Distrito Federal. Cierro los ojos e intento dormir un poco, cuando los abro, resulta que lo primero que escucho es algo como "Dios me ayudo mucho en mi camino" dudo un rato en si abrirlos del todo o darme la vuelta y hacerme la tonta, al final, las frases de las chicas me hacen abrirlos del todo. Resulta que me he ido a sentar entre un grupo religioso que anda de viaje cristiano en busca del camino de Dios. ¡Mira que había asientos! Pues nada, la chica se pone a hablarme de Dios y, como ya llevábamos horas hablando, ahora no iba a enviarla a ningún sitio, ¿no? Así que hago como que la escucho mientras me regala un libro llamado "Buenos Días, Espíritu Santo"... ya podéis imaginar mi cara de espanto, pero.... como dije, ya no iba a ponerme borde con ella a esas alturas. Sólo volví a dormirme e intenté no hablar mucho del tema religioso.

La luz que indica que debemos volver a ponernos los cinturones de seguridad se enciende y el piloto nos dice que vamos a aterrizar. Todos los nervios vuelven y un nudo se apodera de mi estómago. Las puertas se abren y camino hacia la terminal con mi equipaje de mano, puesto que mi maleta va camino de Monterrey a menos que me de mucha prisa.

Llegado ese punto todo es confuso, estoy sola, en un aeropuerto enorme y no sé donde esta el Stand de Iberia para reclamar mi equipaje, enciendo el teléfono móvil y apenas me queda batería, no tengo cobertura y no veo a Sol por ninguna parte. ¡Perfecto! A esto le llamo yo una entrada triunfal... Como no puedo esperar porque sino embarcaran mis maletas hacia Monterrey cruzo el aeropuerto lo más rápido que puedo mientras anoto todos los teléfonos en un papel, por si mi móvil decidía morir del todo y yo seguía sin encontrarme con Sol. Llego al Stand de Iberia y consigo que me solucionen lo de la maleta "ahorita mismo" o sea, en una hora...

Entonces es cuando busco una cabina e inserto esa tarjeta telefónica que acabo de comprar sin saber muy bien si era del importe necesario para llamar a España (que ya hacia como 45 minutos que mi vuelo había llegado y mi madre debía de estar denunciando mi desaparición a la policía) y luego a Sol.

Entonces, mientras la cabina me dice no sé que mierda de que cuelgue el auricular, la veo. Esta a muy pocos metros de mí, con una blusa roja, unos pantalones negros y mi flor favorita en la mano. Ya no me puedo mover, solo consigo saludarla con la mano, de hecho, aún no comprendo porque me vio justo cuando hice el ademan de llamarla, puesto que nunca llegué a decir su nombre. Todas mis palabras se habían quedado atrapadas en mi garganta. Camina hacia mí, no sé si tan nerviosa como yo o más, sólo sé que ella es capaz de caminar y yo sigo con el auricular en la mano, la tarjeta en la otra y una cara de idiota que podría ganar un campeonato. Entonces llega frente a mí y me beso en la mejilla izquierda, en las décimas de segundo que llevaron a sus labios de mi mejilla a los suyos pensé mil cosas, pero, básicamente era "¿Por qué me besa en la mejilla?" repetido como mil veces, hasta que sus labios se encontraron con los míos y todo estuvo bien. Es extraño ese primer beso, porque no pareció el primero, parecía que fuera la continuación de algo, como si nuestros labios se reconocieran y solo estuvieran saludándose de nuevo. Abrazos, más besos, en los labios, en el cuello, en su cabello... y yo que sigo con el teléfono en la mano.

Gracias a Sol consigo llamar a mi madre, porque entre los nervios por tenerla cerca y que no me aclaro, no consigo hacer nada bien, creo que me tiene que decir dos veces que cuelgue el auricular antes de que comprenda lo que esas palabras significan. Le explico el problema de mi equipaje y que tengo que esperar una hora para poder recogerlo, así que vamos a tomar un café a un bar del aeropuerto. Allí es donde me doy cuenta de que su blusa es muy, muy, muy escotada, creo que ella no se dio cuenta, pero yo no comprendo como no vio que me perdía por ese escote cada vez que la miraba. En la mesa, tomando café, es cuando veo que ambas estamos temblando y que nos miramos como tontas mientras nos mordemos los labios y no soltamos nuestras manos. ¿De que hablamos? Ni lo recuerdo... Supongo que del viaje, de mi maleta perdida, de su viaje, del tiempo, de que parecíamos dos flanes que no dejaban de temblar y de que era bueno ver que las dos estábamos igual.

Antes de darme cuenta, ya ha pasado una hora (¿Será que el tiempo a su lado pasa más rápido?) y tengo que entrar a por mi maleta, me levanto feliz de la vida y dejo a Sol con mi equipaje de mano. Desde luego que, si sólo quería mi dinero, ese fue el mejor momento para robarme, mi hermana aún me dice que si llega a salir mal me quedo compuesta, sin novia y sin dinero... pero cuando salí de nuevo por las puertas, con mi maleta, Sol continuaba en el mismo lugar que la deje, con ese maravilloso escote e intentando hablar con un tipo que no hablaba nada de castellano. Me acerqué hasta ella, pagó (sigo pensando que pago muchas más cosas con yo por eso de que no me aclaraba muy bien con la moneda) y nos fuimos a buscar un taxi.

Si quieren saber que paso al otro lado, lean aquí.

viernes, 16 de noviembre de 2007

...

Aquí estoy, de vuelta a España en el avión, con los ojos hinchados y conteniendo las ganas de llorar, de gritar, de correr hacía tus brazos que ahora son imposibles de alcanzar. Sabía que iba a ser difícil, dolorosa, casi como arrancarse el corazón y quedarse esperando ver como deja de latir.

Borré las distancias una semana, acercando nuestros labios hasta el punto exacto donde deseaban estar, el uno contra el otro. Y hoy, amor, hoy lloro lagrimas saladas como el ocena que sobrevuelo y que me aleja cada minuto un poco más de ti, de tus besos, de tus caricias, de tu risa, de tu amor. Hoy, de nuevo, muerdo mis labios suplicando que no dejen escapar un triste sollozo de ellos. Hoy escribo mientras escucho música, ajena al mundo, a la realidad, a la cruel vida que se empeña en separarme de ti.

El comandante dice que estamos a 20 grados y yo siento frío. Un frío terrible que se mete por mis pies, se instala en mi pecho y se niega a abandonarme. Por las ventanas entra luz, la luz del sol, pero no es el sol que a mí me vale, no es el que me calienta, me llena de esperanza y de alegría.

Estoy muy triste, separarme de ti es lo más duro que he hecho en mi vida, pero soy feliz. Porque separarme de ti significa que he estado junto a ti, que he pasado los mejores días de mi vida junto a la persona más importante del mundo para mí. He besado tus labios, tu piel, he colmado tu cuerpo de caricias mientras nuestros ojos se decían los TE AMO más silenciosos y bellos que pueda nadie decirse jamás. Hemos vivido juntas nuestro amor, sin miedo a nada, sin importar nada que no sea nosotras. Hemos reído abrazadas, hemos llorado en los brazos de la otra, hemos convertido en real lo que muchos tacharon de imposible. Hemos amado a la otra con todo lo que poseíamos, con el cuerpo, el alma, los labios, las manos...

¿Sabes, amor? Cada segundo que pasa me aleja más de ti pero, a pesar de todo, soy feliz. Aún nos quedan muchos aviones que tomar, llegaran más días que marcar en el calendario con rojo pasión. No es fácil la distancia, pero no estás lejos de mí, amor, te llevo en mi corazón y de ahí ni el más profundo y triste océano te podrá arrancar.

Nos volveremos a besar pronto, amor, los meses pasan volando y febrero no tardará en asomar por la esquina.

Te amo

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Confesiones

Puestos a confesar, hay muchas cosas que decir... Ahora que lo pienso, no son tantas. Vamos, que sólo es una, lo que pasa es que esa confesión es una gran confesión.

En este blog se ha hablado muchas veces de una persona, de Alex, creo que todos los que me conocen saben bien quien es Alex, o eso creen...

Todos dirán "Pues Alex es tu novio" y yo les diría algo como "Sí, pero no." Porque hay cierto detalle sobre Alex que no saben y es que, Alex no es un hombre, sino una mujer.

*De un megáfono sale una voz metálica*

-Para más información diríjanse al punto de información. Gracias.

PUNTO DE INFORMACIÓN

*La voz metálica suena de nuevo*

-Si necesitan asistencia médica, diríjanse al hospital, porque todos nuestros médicos están ocupados en este momento.
...
...
...


¿Ya está? ¿Ya lo asimilaron?
(Si no lo asimilaron aún, vuelvan a los puntos suspensivos y leeanlos tantas veces como sea necesario, que para eso están...)

Pues sigamos.

Alex es una chica, se llama Sol y es mi novia, así que se podría decir que estoy saliendo del armario, aunque bien, bien no sé cuando me metí dentro. De pronto, un día me vi dentro y me dije a mí misma "Sandra, esto no mola, a ver si salimos ya que huele a naftalina y todo se pega". Y aquí estoy, saliendo del armario o casi, o yo que sé... Sólo sé que no tengo novio, sino novia, y que me encanta que sea Sol.

Al que no le guste, pues ya sabe lo que tiene que hacer. Meterse su opinión por el culo o gritarlo a los cuatro vientos, porque a mí realmente me la sopla mucho. Si no te gusta, pues no nos mires, que yo no te obligo a nada. Y si no te quieres pasar nunca más por este blog, pues también me importa cuatro pitos. Odio a la gente de mente cerrada, así que si eres de esos, mejor que ni te pases porque has de saber que no me caes bien.

Sol me quiere, yo la quiero a ella y eso es lo único que me importa ahora mismo en esta vida. Bueno, eso y que dentro de poco las distancias se van a borrar, pero eso es algo de lo que hoy no voy a hablar que me pongo nerviosa y no puedo ni escribir de una manera correcta.

sábado, 20 de octubre de 2007

Cayendo

A veces el mundo te suelta de pronto, sin darte tiempo a buscar donde aferrarte para no caer al más profundo y oscuro abismo. Y caes, como si de plomo se tratase, como si tu cuerpo pesara un millar de toneladas y no hubiera nada capaz de detener esa caída. Solo el frío, duro y oscuro suelo que te aguarda al final. Porque sabes que está ahí.

Lo malo no es caer, sino llegar al final, a lo más profundo de nuestro propio infierno, eso es lo que duele.

Duele cuando notas como todos tus sueños, tus ilusiones y tus esperanzas se rompen al chocar contra él como si de huesos se tratase. Eso es lo duro, eso es lo difícil. Quedarse solo, allí abajo, sin nada más que tu dolor y lo triste de tu verdad. Es duro saber que una sola palabra, una sola acción, una sola persona puedan hacer tal cosa. Desmontar tu mundo y ponerlo todo del revés. Volver lo blanco de color negro, lo caliente en frío, el cielo en el más oscuro de los infiernos. Es duro cuando nos damos cuenta de que necesitamos mucho más que a nosotros mismos para poder ser eso, para poder ser nosotros. Construimos un mundo a nuestro alrededor, y lo vamos decorando como si fuera nuestra pequeña casita, llenándolo de quienes nos importan de verdad y es difícil admitirlo, pero de quienes necesitamos tanto que parece que nuestro mundo se oscurece sin su presencia.

Caer es terrible, duele mientras caes, duele cuando llegas al fondo, duele cuando ves que es difícil volver a ponerse de pie y duele cuando levantas la vista y contemplas el largo camino que has de retomar hasta llegar de nuevo arriba. Ahora ese arriba es tan lejano que no llegas a verlo ni como un pequeño haz de luz. Además, ¿acaso importa lo que hay arriba? Ya no es como era antes, algo ha cambiado y el miedo a no saber que es lo que te espera cuando llegues, es más fuerte que tú. Así que te encoges, sobre ti mismo, convirtiéndote en un ovillo que intenta darse calor con su propio cuerpo ya que el sol está tan lejos, que es imposible sentirlo.

Y te miras a ti mismo, encogido, ahogándote, suplicando por dar marcha atrás y volver a estar como antes, o que el tiempo vuele y dejes de sentir ese terrible vacío dentro de ti. Porque ahora estás solo y esa es tu verdad, la gran verdad. Has caído y nadie a podido detenerte, nadie a podido aferrarte con la suficiente fuerza a ese mundo en el que vivías. Así que debe ser porque estás solo, ¿verdad?

Con los ojos aún húmedos a causa del llanto, levantas la mirada, el abismo se cierne ante ti, amplio, poderoso, vacío, frío, oscuro. Aquí no llega nada, no hay calor humano, no hay palabras de consuelo, no hay nada más que dolor. Pero, ¿es así de verdad o solo lo parece?

Allí, a lo lejos, una voz susurra tu nombre, te llama, te reclama, te dice te levantes, que no estás solo, que no pudo sostener al principio del abismo, pero que a bajado hasta los infiernos a traerte de vuelta, sin miedo a que el abismo sea muy profundo porque, hoy que tú estás mal, él tirará de los dos. Es una mano amiga que te sostiene ahora que no puedes caminar solo. Dicen que la verdadera amistad se demuestra en esos momentos, ser amigos cuando todo esta bien es fácil, lo complicado es ser amigo cuando alguien sufre de verdad y necesita algo más que esas tardes de charla animada. Ahora que estás en tu abismo, hundido, ahogándote, ahora que estás peor que nunca, ahora, tampoco estás solo. Has visto pasar los días, despacio, y les has visto quietos, esperándote a ti. Llamando cada día, regalándote consuelo y amor. Esperando que tu risa vuelva a llenar sus días de ti, porque ahora que tú no sientes calor, para ellos también hace un poco más de frío. Ellos también te necesitan en su mundo, en ese rincón para los amigos de verdad, porque para ellos eres alguien importante y eso es lo que tienes que recordar, por eso tienes que luchar. Porque en cada caída ves a quien le importas de verdad y hay que seguir en pie por ellos, por ti y por no darle a la vida el gustazo de verte sufrir.

Está sonando Opus 18 de Denis o'Halloran.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Otoño

Hace cinco días que paseamos por mi época del año preferida. El Otoño. ¿Por qué el Otoño? Nunca lo he sabido, pero siempre ha sido mi época favorita. Los arboles pierden sus hojas, las que les quedan, cambian... pasan de verdes a rojas. Los días se hacen más cortos, pero también más rojos... Todo se vuelve más rojo.
Creo que es por el rojo por lo que me encanta esta época. El rojo es el color de la pasión, dicen que también el color del amor, aunque lo cierto es que es el color de la vida, porque roja es la sangre y la sangre es vida. Quizás ya estoy divagando, pero creo que es el poder del taza humeante (lo siento, Evan, me siento plagiadora XD) que tengo entre mis manos, calentándome. La verdad es que sí parecen tener un poder especial, parecen traer cosas a la mente, muchas veces sin sentido, sin lógica, pero que salen de algún sucio rincón de la mente o el corazón. ¿Por qué sucio? Porque no los abro muy a menudo, seguro está lleno de polvo.

Lo cierto es que hace mucho frío, o yo me he vuelto más friolera de lo que recordaba. Siento mis pies helados, a pesar de llevar dos pares de calcetines, a pesar de llevar los zapatos puestos. ¿Se habrá instalado en mí este frío desgarrador? Tengo los labios cortados, las manos agrietadas y es por el frío... ¡Como odio el frío! Aunque el mismo frío es el que me invita a enfundarme en mis botas negras, una falda y un jersey marrón, mi bufanda roja y pasear entre las rojas hojas que los arboles han decidido soltar. Como me encanta hundir los pies en ese manto de colores que nos regalan.

La verdad es que me encanta el Otoño porque lo consideró romántico. Sé que yo no parezco una persona romántica y, ciertamente, no lo soy. No soy de las que escuchan letras suicidas de grupos pop mientras escriben su nombre una y otra vez en un papel, hasta desgastarlo o no dejar un solo trocito de papel más donde escribirlo. No soy de esas que dicen al teléfono "no, cuelga tú antes", tampoco soy de las que buscan cualquier excusa para hacer un puchero y pedir así que las abracen. Solo soy yo... con mi romanticismo extraño y mis ganas de besarte tumbados en ese manto de hojas rojas mientras enredas tus manos en mi cabello y me dices que te gusta porque es rojo, como el otoño, como la sangre...

Me gusta porque tiene un punto de triste, pero de esa tristeza hermosa de la que tan enamorada estoy. Me gusta porque hace frío (sí, soy una contradicción, ¿es que no lo sabías aún?), pero no hace tanto frío como para pedirte no salir. Hace el frío justo que te pide que salgas a la calle, algo abrigado y pasees de la mano junto a las personas que te importan, o por esos lugares que significan más que solo lugares. Hace ese frío que te permite el lujo de entrar a una cafetería, abrir un buen libro, pedir un Suizo y ponerte a leer mientras en tu iPod, Tiersen lo invade todo, trayendo calor al alma, que es el único lugar al que el Suizo no puede llegar.

¡Me encanta el Otoño!

Y me encanta porque me hace sentir un calor especial en el pecho, uno que me hace poner tierna, uno que me pide que sonría aun cuando las cosas parecen imposibles. Me encanta el Otoño y es por mucho más de lo que puedo escribir aquí. Lo siento en mí pero no es fácil sacarlo, solo puedo decir que me hace sentir bien.

Esta sonando Les Jours Tristes del Soundtrack de Amelie de Yann Tiersen.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Restos...

Haciendo limpieza encontré esto, tiene fecha... es de poco antes de abrir el blog, no llega ni a un mes antes. Ha sido, cuanto menos, curioso leerlo y he decidido traerlo aquí. Pero tranquilos, que lo traduciré para que lo puedan leer y entender... que me costó inclusive a mí.

13/05/07

Abro los ojos, miro a mi alrededor, me levanto y camino hacia el calendario, tachando el día. "Otro día más" dicen, "Un día menos" pienso.
A eso se reduce mi vida, a un calendario en el que voy tachando los días, rezando porque pasen rápido, por despertar y ser vieja de una vez, para poder morirme sin sentirme culpable por desearlo.
Se acerca, me besa, me toma de la mano y no siento nada. ¿Le amo? No sé porque me empeño tanto en preguntármelo si ya lo sé. Me mira, me abraza y me pregunta "¿Me quieres?". Quiero gritar, romper a llorar, decirle que no, que le odio, que me encierra, que me duele, pero sonrió, le beso de nuevo y, de nuevo le miento, "Sí, te quiero".
Así pasa mi vida. Entre gritos ahogados, lágrimas silenciadas y falsos te quiero. ¿Volveré a amar alguna vez? Lo veo tan complicado.


Ya no creo en el amor. Soy incapaz de amar. No puedo. No puedo entregar tanto de mí a nadie. Dicen que solo existe una persona para cada uno y que cuando la conoces todo lo anterior parece una mentira. ¿Y si ya la conocí? ¿Y si cruce con él una mirada perdida y me aleje? ¿Y si vive en la otra punta del mundo y jamás nos vemos? ¿Y si nadie me ve nunca?
Nadie se da cuenta de que hay tras mi sonrisa.
Quiero irme, alejarme, dejar este pueblo, este país. ¡Dejar esta vida impuesta que no es mía!

Necesito irme y encontrarme a mí misma. Dejar que mis ojos lloren lo que necesiten y empezar de cero, en otro lugar, otra vida, otra Sandra.

¡Quiero vivir!

Sentir que vale la pena abrir los ojos de nuevo e intentar seguir sin miedo a nada.

Bueno... pues eso fue lo que escribí un día de Mayo en el que me sentía "bien" porque eso era estar bien, cuando estaba mal de verdad, no podía ni escribir.
Ahora lo leo y... bueno... no sé si reírme por lo irónico de la situación actual o echarme a llorar... (es broma) todos sabéis ya que yo estoy muy bien y que soy muy feliz. Así que no os sintáis mal al leerlo.

Siempre hay una luz que nos guía,
aunque el cielo este gris...


Tú eres mi luz.

Puedes llamarlo Destino o no....

sábado, 25 de agosto de 2007

El Primer Amor

Dicen que no hay nada como el primer amor...

Ese amor tan puro, dulce, sencillo y entregado que te hace dar todo sin pedir nada a cambio. Yo siempre he estado de acuerdo con eso. El primer amor... Solo me hace falta pensar un poco y es como estar otra vez delante de ese primer amor. El mío fue a los 14 años. Él me robó mi primer beso, (porque eso fue un robo en toda regla) y a él le dije mi primer te quiero. Estuve enamorada de él durante más de 5 años y fue como dicen que solo puede ser el primer amor.

Yo pensaba que tenían razón, que no había nada como el primer amor, ese amor que tan solo da y se conforma con poder dar un poco más, que nunca pide nada, que no necesita nada más que verse en los ojos del otro para ser feliz. Ese amor que parece que solo podemos tener una vez en la vida, cuando aún somos tan jóvenes que no deseamos pedir nada, que pensamos que dando todo lo que poseemos es y será suficiente.

Pues estaba equivocada. Ese sentimiento tan arrebatador, que te ciega y te hace olvidar todo lo demás, todo lo que no sea a la otra persona y lo mucho que le amas, ese, no solo esta reservado para el primero.

Ahora lo sé.

Y lo sé porque es así como me siento ahora. Siento ese amor loco, ese que me hace estremecerme con solo imaginar sus labios besandome. Quiero entregarle todo lo que tengo, mi corazón, mis besos, mis labios, mis palabras de amor apasionadas, mi cuerpo, mi alma...

No quiero pedirle nada, me sobra solo con quererle. ¿Acaso me he vuelto loca? ¿Acaso vuelvo a tener 14 años y estoy viviendo un primer amor? ¿Será que lo de antes no era tan amor como yo creía?

Vuelvo la vista atrás y recuerdo a mis dos ex parejas, esas con las que compartí años de mi vida, esas a las que sentí que amaba de verdad y, tristemente me pregunto "¿De verdad les ame?" Pensar en I (inicial de su nombre) y preguntarme si le amé es algo normal, hace muchos años de aquello, muchísimos... y el tiempo a veces hace fallar la memoría. Pero preguntarme eso de M... alguien con quien estaba hasta hace bien poco. Y lo más triste es que si me tengo que responder a esas preguntas mi respuesta es clara. ¡No le ame! No como se debe amar.

I me preguntó hace poco si llegará algún día un hombre del que no me canse, si algún día me entregaré de verdad, si me dejaré amar de verdad, sin levantar muros a mi alrededor para que no me dañen.

¿Así es como me vio?

Vaya... así es como le veía yo a él, siempre tan frío y callado, solo era cariñoso cuando buscaba algo más que besos. Pero lo pienso y es cierto. No me entregué a él, ni a M, ni a muchos de los que pasaron por mi vida y de los que ni siquiera recuerdo el nombre.

Solo quise darselo todo a él. A ese primer amor que no me dio nada más que fatigas, disgustos y que me dijo "Yo también te quiero, pero solo como amiga, lo siento" después de él, el amor era distinto. Yo no queria darme tanto, me volví exigente, demandante, necesitaba pruebas, necesitaba que me dieran tanto como yo queria recibir.

¿Eso es amor? Ahora lo pienso y niego. Eso no puede ser amor. Solo fue un triste sustituto para que yo no pasará mis días sola, para que algo me diera un poco de alegria en la vida, aunque me causo más disgustos que alegrías...

¡Hasta ahora!

Ahora todo ha cambiado.

Ahora sí puedo levantarme y gritar a los cuatro vientos que estoy enamorada, como cuando era una niña, como cuando el primer amor, como cuando no importaba nada más que amarle, aunque doliera, aunque matará, aunque el sufrimiento que causará ese amor fuera más grande que el propio amor que sentias. Porque es así como me siento. No importa nada más que quererle, a pesar de la familia, de la distancia, de la edad, de lo que sociedad vea cuando paseemos de la mano por las calles de cualquier ciudad. No importa nada más que nosotros, que nuestro amor, que la fuerza con la que nos decimos "Te amo" cada día, la fuerza con la que nuestros corazones luchan por estar cada día más cerca el uno del otro, por entregarnos un poco más.

No me importa que duela, si duele es que siento y si siento es que estoy viva, que amo. No sentí nada durante mucho tiempo y eso es peor que doler. Y sé que suena masoca, quizás sí lo sea un poco, pero no me importa. El dolor no es algo malo cuando te recuerda que sigues en este mundo, que estas viva y que mientras estés viva todo puede ir a mejor. No me importa que Sol me duela en la piel, en el alma, en el corazón, porque eso es bueno, eso es que le siento como hacia siglos que no sentia a nadie, como pensé que solo se podia sentir una vez. No importa que mis labios lloren derramando vida en cada lágrima roja, no importa que estas se pierdan demandando besos que no llegan. No importa que la piel se resienta cada día, que se estremezca imaginando caricias que no tiene y necesita. Nada de eso importa, porque le amo, porque me ama y porque eso no es poco, eso es más de lo que muchos llegan a sentir nunca.

Ahora puedo decir, sin temor a equivocarme, que sí hay cosas mejores que el primer amor, y eso es el amor verdadero. ¿Suena cursi? Tanto que no me creo que yo esté escribiendo esto, pero es lo que siento, es lo que noto, es lo que remueve cada fibra de mi ser.



Esta sonando Me Corten la Lengua de Marea.

sábado, 11 de agosto de 2007

Retrasos y rarezas

Hace 3 días que tengo 27 años. ¿Algo ha cambiado? No, todo sigue igual, o casi....


¿No odían los retrasos en los vuelos? Yo sí...

Miro mi reloj ansiosa, preguntandome que ocurre, por qué no llega.

Espero en el aeropuerto, con un ramito de margaritas naranjas en las manos, una sonrisa en la cara, ilusión en los ojos y besos en los labios, pero no llegó.

Pienso que es un retraso del avión, pero una voz me avisa de lo que ocurre "El vuelo desde México con destino Mi Corazón ha llegado a su destino sin pasajeros" repite incesante el megáfono del aeropuerto...


Son las 6 de la mañana. Faltan 6 horas y 35 minutos. Bueno, faltaban 6,35 minutos, ahora es algo imposible de calcular.

¿Que siento? No lo sé...

¿Vacío de nuevo? ¿Ira? ¿Dolor? ¿Angustia? ¿Miedo?

No lo sé, no sé que siento...


Sé que estoy bien, lo estoy porque él lo está. Pero había mucha esperanza puesta en este día 11 de agosto del 2007, había mucho amor puesto en esta hora 12,35... ahora no hay nada. Esa fecha, esa hora, no significan nada. No para mí. Quizás por eso te he pedido que te quedes, aún sabiendo que no podrías hacerlo...


Bienvenido al mundo de Isaac.

Quizás sí soy bastante Sofía.

Pero es que hoy todo es distinto...

No es mejor ni peor que ayer, más bien es igual,

pero a la vez es distinto.


También quiero agradecer a Maya ese maravilloso header que encabeza el blog (la bola con mis ojos dentro) y sus otros regalos, así como las palabras de ánimo cuando las he necesitado. Y no solo a ella, también a Evan, Keta, Ana, Kerria, Nicolás, Elisa e Iris porque, a pesar de estar tan lejos, están muy cerca de mí cuando les necesito. Por acordarse de mi cumpleaños, por ser buena gente... Un besazo enorme a todos. Y no se rallen, que estoy bien, solo que hoy estoy rara.

Esta sonando Los Mismos Clavos de Marea.

domingo, 5 de agosto de 2007

Una mirada atrás para reflexionar

Siento el tiempo pasar, miro a mi alrededor y lo veo deslizándose lentamente sobre todas las cosas. Las sombras se alargan cada tarde y el cielo se torna anaranjado, esperando que llegué la fría noche y todo quede oscuro... pero no es ese tiempo el que me preocupa. Siento pasar el tiempo sobre mi piel, llevándose con él mi juventud, sé que no soy vieja, sería una tontería decir lo contrario, pero todo llega... y quiero que llegué, pero no mientras estoy formando castillos en el aire que no sé cuanto tiempo aguantarán.

Falta tan poco, en menos de 3 días cumpliré los 27 años.... 27 años y aún recuerdo aquella madrugada del 8 de agosto, cuando compramos alcohol en el primer bar abierto que encontramos y nos fuimos a la puerta de la iglesia a esperar que el reloj marcase las 2,15 de la madrugada, hora en la que haría exactamente 17 años que yo había nacido. Cuando llegó la hora el Lolo se tiró a mis brazos, tan fuerte que ambos caímos al suelo.... con la botella de vino, el tabaco, más borrachos que otra cosa y felices. ¡Tenía 17 años! ¡El mundo era mío! Nos tuvieron que levantar del suelo entre 4, mi hermana, mi prima, mi tía y el Félix formaban el extraño sexteto que me acompaño esa noche a una edad que yo veía como algo espectacular. Casi todos quieren cumplir 18, yo no... ¡Yo quería tener 17! Quería tener 17 años para siempre... Con la fuerza que eso supone, con la alegría que te proporciona saber que dentro de poco serás mayor de edad y el mundo te espera, que esta ahí, al alcance de los dedos pero que aún eres una niña, que aún puedes no ser fuerte, berrear, enviar a todos a la mierda porque esa edad lo permite, aún no tienes que ser responsable, aún puedes hacer locuras, nadie te juzgará por hacerlo... al fin y al cabo, solo tienes 17 años...


¡Adoraba los 17!


En 56 horas (menos cuando he terminado este post kilométrico) habrán pasado 10 años de aquella de noche... ¡10 años! ¿Saben todo lo que ha pasado en ese tiempo en el mundo? ¡Mil cosas! Pero... ¿y en mi vida? ¿que ha cambiado en mi vida en estos 10 años? Quizás es el momento de reflexionar.


Cuando tenía 17 años pensaba que era virgen, que bonito, ¿verdad? Mi cerebro había borrado los recuerdos de una fatídica noche en la que un hijo de puta decidió que sus necesidades están por encima de la inocencia de una pequeña de 6 años que dormía plácidamente en su cama.


El primer contacto con el mundo sexual fue el que despertó esos fantasmas que parecían esperar tras una puerta, al acechó, a que yo bajara la guardia. Volvieron todos juntos. Una noche, mientras las caricias del que era algo así como mi novio me volvían loca de placer, un roce dentro de mis braguitas y sus ojos cambiaron de azules a marrones, su pelo del tono de la paja y liso a un castaño y rizado, su cara no era de amor, solo veía un fantasma con ojos de loco metiendo sus dedos en mis bragas. Grite, dije que no, o lo intenté y mis suplicas quedaron enmudecidas por el miedo, no lo sé. No sé si se quedaron mis gritos ahogados en mi garganta o él los pudo escuchar, solo sé que le golpeé, con lo primero que encontré cerca, con todas mis fuerzas y salí corriendo, intentando entender porque me sentía así. Porque solo quería gritar que me había violado. Le odie. Sin haberlo merecido, sin haber hecho nada, le odie y él me amo. Me amo y me perdono, sin saber porque era así con el, porque le gritaba que le odiaba, que solo estaba con él por divertirme, que no me importaba nada él, su vida o lo mucho que me quisiera.

Esta situación de terror absoluto hacia el genero masculino me llevo a abrir horizontes, o sea, al mundo lésbico, para ser más clara. Sino podía estar con un chico porque me sentía tan mal, tan asustada y tan consumida que me quería morir, quizás una chica pudiera solucionar eso... Así que lo probé. Besar a una chica no era extraño, no se me hizo ni raro, ni asqueroso, ni antinatural, de hecho, era lo mismo que había sentido al besar a muchos de los chicos con los que había estado antes. Y, bueno... empecé algo así como una relación con una de ellas. ¡Pobre! ¡Otra que pago los platos que otro había roto! Cuando pasamos a mayores, era excitante, era una mujer y yo otra, nos podrían haber pillado porque lo hacíamos en su casa, con sus padres en la habitación de al lado, pensando que eramos solo amigas. Hasta que llego ese momento de nuevo. A ella no la golpeé, aunque también fui cruel. Después de aquello no la quise volver a ver, nunca.


Todo esto me hizo saber que no eran los demás los que fallaban, algo fallaba en mi. Pero no sabia el qué, no quería saber...


Me junte con mala gente, siempre he tenido mucha suerte y eso es que lo me lleva a no estar fichada por la policía. Iba con putas, chulos, traficantes y ladrones. Robé, bebí, fumé y a punto estuve de prostituirme, pero claro... el sexo me daba miedo.... casi tanto como las drogas, el miedo me mantuvo alejada de un mundo en el que, si hubiera caído del todo, no sé como habría salido. ¿Como salí? Ni lo sé bien, solo sé que cuando vi a la policía metiendo en el coche patrulla a la gente con la que iba pensé Yo no quiero terminar así y desaparecí de allí. Pero no querer terminar en la cárcel no significa que ya me quisiera un poco más. Caí en la anorexia y en la bulimia, solo pensaba en destruir mi cuerpo, si mi alma dolía tanto, ¿porque mi cuerpo seguía tan bien? Volví a las clases que había abandonado y volví a relacionarme con gente "normal" para alegría de mis padres que ya me habían hecho las maletas para que me fuera de casa sino dejaba de darles disgustos, y eso que ellos no saben nada de lo que paso....

Una tarde, entré a mi casa y encontré a toda mi familia en el sofá. Un nudo en mi garganta y me faltaba el aire, miré a una persona, solo a una, hacia 11 años que no le veía, pero era como si el tiempo hubiera retrocedido y yo tenia de nuevo 6 años y ese hombre me miraba con una cara de loco mientras metía sus dedos en mis braguitas. No sé ni que dije, solo salí de aquella casa y pasee por mi pueblo sin rumbo, hasta que los pies no podían más y mi mente no conseguía hilar un pensamiento con otro. No le encontraba sentido a nada, así que quise borrarlo todo de nuevo, sacar esas imágenes de mi mente y seguir negándome la realidad.


Una cosa llevo a la otra y conocí a un universitario de 20 años bastante torpe, tímido y divertido. En tres meses estábamos saliendo, a los cuatro decidí que ya era hora de quitarme mis miedos y me acosté con él. Fue horrible. Aunque lo peor fue su frase al terminar "¿estás segura de que eras virgen? No has sangrado" (este chico tuvo tres grandes frases en nuestra relación, esa fue la primera) aún recuerdo como me encerré en el baño de su casa a llorar, pase horas allí dentro, con su pregunta rondando mi cabeza. ¿Estabas segura? ¡No! No lo estaba, pero no me lo quería preguntar. Daba demasiado miedo saber la respuesta, la ignorancia era mejor. Esperaba que después de aquello no me llamase más, incluso lo deseaba, así podría odiarle a gusto, pero llamo. A partir de ahí todo fue mejor. Hubo problemas entre su grupo de amigos y el mio, pero lo superamos como pudimos (dejando a los dos grupos de lado) y seguimos adelante.
Mientras mantenía esta relación los médicos me encontraron una enfermedad en los ovarios que puede que me imposibilite para tener hijos. Recuerdo las palabras del médico y como me dolió escucharlas. Tenía 18 años, no quería tener hijos aún, no lo había pensado, pero no quería que me lo negasen. También recuerdo la segunda frase de nuestra relación "¡Joder! Y yo tan preocupado cuando no te venía la regla" no sé si me sentí peor cuando el medico me dijo que quizás no pudiera tener hijos o cuando esta fue toda su respuesta.
Esto nos llevo a mantener relaciones sexuales sin ningún tipo de protección, "¿para que voy a ponerme un condón si tú no puedes quedarte embarazada?" me decía y yo no le negaba nada. Así que un buen día sentí un terrible dolor de barriga, muy fuerte y empecé a sangrar, fui al lavabo y la sangre era demasiado. Me asusté. Al cabo de unas horas los médicos me decían que fuera con más cuidado que acababa de tener un aborto natural y que era muy joven para tener hijos. Una pequeña luz de esperanza se abrió ante mí. Si me quedé una vez, podré volver a hacerlo. Este aborto era uno de mis últimos secretos, algo que no sabia nadie más que yo y los médicos.

Una tarde, en casa de mi tía, con mi tía, mis primas y mi hermana, mi novio me abofeteo. Por encenderme un cigarro. A partir de ahí todo fue a peor. No sé cuanto tiempo tarde en hacerlo, pero le dejé. ¿Cuando? Cuando ya no podía hacer otra cosa que dejarle o seguir hacia adelante con él, con lo que el anillo de pedida significaba. Nunca pensé que cuando me pidieran en matrimonio tendría tantas ganas de llorar, gritar y huir... pero las tuve y huí.


Pero la suerte parecía no estar de mi lado. Busqué consuelo y lo encontré en los brazos de un amigo, de un buen amigo que tardo poco en bajarme las bragas, no es que fuera una santa ni mucho menos, pero estaba muy mal en ese momento, supongo que él aprovecho la situación...
Ese polvo me costo una relación de 5 años, 6 meses y 7 días. No siempre fue una relación mala, pero su primera infidelidad de la cual me enteré el día que hacíamos 2 años me mato, rompió algo dentro de mi. Había conseguido superar muchas cosas y, su traición trajo mis miedos de vuelta. Esa no fue su única infidelidad, hubieron más. Con dos chicas, una de ellas es su actual pareja ahora, así que supongo que el día que yo decidí romper nuestra relación fue uno de los días más acertados de mi vida.

Durante esta relación, un hermano de mi madre murió, a causa de esto todos los hermanos decidieron volver a unirse y eso le devolvió a mi vida. El día de la comunión de una prima ya no pude negar más la realidad. Cuando le vi y me tocó todo volvió, no como lo había hecho antes, en una sucesión de imágenes sin sentido ni lógica, fue como un todo. Recordé como desperté en aquella camilla del hospital sabiendo lo que me había ocurrido. Fue difícil soportar su presencia. Y no fue más fácil tenerle que soportar en cada reunión familiar a la que tenía que ir. Tampoco lo fue que el que era mi pareja decidiera no acompañarme a ninguna, por mucho que me faltara el oxigeno cuando le veía.
Pero lo superé, aún duele, aún quema, aún cuesta respirar, pero ahora es él quien aparta su mirada ante la mía. Ahora es él quien no se atreve a acercarse a mí. Y, gracias a que mi madre es una cotilla, puede que no tenga que volver a soportar su presencia nunca más.



Ahora tengo casi 27 años y tengo a Sol. Todos sabéis quien es Sol, he hablado un millón de veces sobre él. Sol es... ¿mi novia? Suena raro llamarle así, puesto que nunca le he besado, ni he tomado su mano, ni me he acurrucado contra su pecho a mirar las estrellas. Pero Sol es la persona a la que más le he mostrado mi alma, al que se la he entregado con los ojos cerrados sin importarme que haga con ella. Él cambió mi mundo y el cambió ha sido a mejor, a mucho mejor.

Sé que estos días le he estresado, con mis paranoias, con mis miedos, con mi depresión pre 27 y mis tonterías, pero hay veces que necesitas caer muy bajo para poder ver la luz. Y la he visto, la he visto y sonrió... ¿que son 27 años? Nada... pienso morirme muy viejecita y habiéndote hecho el amor tantas veces como estrellas hay en el cielo.

De nuevo me había vuelto a obsesionar con las cosas que hay que tener con 27 años, ya sabes, esas cosas que en el fondo no me importan nada, pero ahora estoy bien. Sonrió de nuevo. Te amo, me amas y no importa nada más. He resumido mis últimos años en unas lineas (sí, muchas, lo sé. ¡Coñe! Que son 10 años) y he cerrado una parte de mi vida, esa que cerré cuando te conocí y vi que podría ser feliz, que solo tenia que intentarlo y no dejarme arrastrar por la corriente. Que no importa lo que piense nadie, ni lo que se supone tengo que tener, hacer, decir o sentir con 27 años, solo importa lo que yo haga, diga o sienta a los 27 y cada día de mi vida.

Ya falta poco para mis 27 y los esperaré de nuevo, sin la botella de vino y sin el tabaco, pero igual de expectativa y sonriente como esa noche de hace 10 años porque, como yo dije hace algún tiempo...

¡Hostía puta, que sí soy feliz!



Esta sonando Estoy muy bien de Extremoduro.

domingo, 29 de julio de 2007

Hay días que no puedo

No puedo explicar ni como me siento, no lo sé. Hace horas que miro el reloj pensando en que era hoy. Hoy iba a hacerlo. Iba a coger una maleta roja, mi portátil, mi enorme bolso azul, el pasaporte, unos billetes de avión y me iba a ir a cruzar el charco...

¡Ese enorme charco que me separa de mi amor!

Pero sigo aquí, por muchas cosas, por las putas circunstancias, porque el mundo es cruel, porque nos pone demasiadas pruebas, demasiadas trabas, demasiados problemas....

Y no sé como me siento. ¿Estoy triste? Sin duda lo estoy, pero ese no es el sentimiento más grande en mí, no sabría decir que es... ¿Vacío de nuevo? Creo que es lo que más se acerca.

Sé que no es culpa de nadie y no quiero culpar a nadie, las cosas han ido así, hay que ser fuerte afrontar lo que la vida nos tira encima para aplastarnos y levantarnos con ese enorme peso a nuestra espalda, decididos a seguir. Pero hoy me cuesta, hoy todo cuesta más.

Me cuesta escribir y pensar, me cuesta reír y llorar, me cuesta sentir algo que no sea este vacío enorme en el estomago, este que me aprieta y a veces me hace sentir como si tuviera a alguien sentado sobre mi, aplastándome, extrayendo el aire de mis pulmones e impidiendo que los pueda volver a llenar.

No dejo de repetirme frases tuyas en mi cabeza, intentando calmarme, llenar ese vacío con tu amor. Me repito que no estoy sola, que estas conmigo, siempre... que te llevo tan dentro que nada ni nadie nos puede separar...

Pero hay días que no puedo... y hoy es uno de esos días.


Esta sonando Por Cuatro Perras de Marea.

jueves, 26 de julio de 2007

Besos

Me he dado cuenta de que la distancia se puede sobre llevar bien... con lo que no puedo es con el tiempo...

Escucho el tic-tac del reloj, como si fueran campanas, suenan tan fuerte que retumban mis oídos. Me martillean, cada tic-tac es un segundo más sin saber de ti. De como estarás, de si me echas de menos, de si estas pensando en mi, en nosotros, en como seria estar ahora juntos...

Imagino mis labios en tu piel, besando cada rincón, explorando cada centímetro, haciéndome la dueña de tu cuerpo sin importar nada más que eso, sin pensar en ¿cuando, donde o porque? solo disfrutando de ti. Del calor que tu piel seguro desprende si saben donde tocarte, como morderte, como hacerte gemir de placer.


En mi mente he recorrido ese sinuoso camino de placer que me lleva desde tus labios al paraíso, lo he recorrido mil veces, un millón, cada segundo de mi vida, cada vez que cierro los ojos, cada vez que miro tus fotos, cada vez que pienso en si tus labios saben tan bien como creo que lo hacen. En si morderlos debe ser como tocar el cielo con las manos o mejor... seguro que es mejor.


Hace tanto que no beso a nadie con amor, tanto que ni recuerdo como debe ser hacerlo... Besar ya es algo maravilloso de por si, pero si además lo haces con amor...

Colocar mis labios sobre los tuyos y besar suave, con miedo a que seas un sueño, a que algo tan perfecto como tu sabor, tu olor, tu tacto, se pueda romper si hago algo rápido. Solo un roce al principio, nuestros labios tocándose despacio, sin saber que hacer con nuestras manos, con nuestras lenguas, si es mejor hacerlo con los ojos cerrados o abiertos, sin saber si es un sueño de nuevo o esta vez es real.

Después acercarnos más el uno al otro, buscando algo más que un roce, buscando con nuestras manos entregarnos el alma en cada caricia, profundizando el contacto de nuestros labios, buscando con nuestras lenguas darnos más amor, con miedo, sí, pero con pasión, que ambos sabemos que nos sobra pasión. Que una vez empecemos a besarnos sea el oxigeno el que nos haga separarnos, con los labios enrojecidos, el corazón acelerado, el alma sonriente y las manos temblando...
Esta sonando Come What May de la BSO de Moulin Rouge.