Si recuerdo ese taxi, como también el nudo en la garganta que me impedía hablar pues sabía que se me rompería la voz. No quería hacerte llorar, tú tampoco querías hacerme eso. Y tampoco queríamos hablar de la despedida que se acercaba.
El calor de nuestras manos nos mantenía con entereza para no quebrarnos y entonces el taxista hablo y había canción y entonces empezamos a llorar porque no podíamos aplazar ese momento. No quería que llegará al aeropuerto, deseaba que algo te retuviera a mi lado.
No quería dejarte ir, no quería. Quería pedirte que me llevarás contigo. Quería que el tiempo se detuviera y nos dejara enlazarnos en abrazos y besos.
En el aeropuerto ¿recuerdas que nos sentamos en el suelo? nos dábamos besos, limpiabamos nuestras lágrimas. Nos abrasábamos intentando estirar ese tiempo al máximo, hablabamos para distraernos. Nunca he sentido tanta calidez como en tu cuerpo, ni que me dedicaran tanta ternura como en ese momento.
Tenía que dejarte ir, ¿pero no sabes aún que sin ti no puedo existir?,¿acaso no soy valiente?, ¿acaso no te amo?, una parte de mí sabía exactamente que no podía retenerte pero mi ser no escuchaba esos pensamientos.