martes, 15 de enero de 2008

El Peor Momento

Muevo mi cuerpo hasta abrazarme al tuyo. Me pego al tuyo. Piel contra piel. Buscó con mis brazos aferrarme a ti, tenerte más cerca aún, sentir el olor de tu piel en la mía. ¿Lo sientes? No he pegado ojo en toda la noche, no he cerrado mis parpados un sólo segundo. ¿Cerrarlos? ¿Para que? Me perdería instantes de estar junto a ti.

Así paso la noche. Acurrucada contra tu cuerpo mientras intentaba apagar mis ganas de llorar, de romper el mundo, de dejar todo y seguir abrazada a ti de por vida. Entonces sonó el despertador, ese maldito monstruo que me recordaba que llegaba el final. ¿El final? ¿Final de qué? No era justo. Era el principio, eran nuestros primeros besos aún y ya llegaba el final.

Recuerdo ese taxi horrible. ¿Lo recuerdas? Agarradas la una a la mano de la otra, mirando cada una por una ventana distinta, sin mirarnos. ¿Por qué? Yo no podía mirarte sin llorar, no podía mirarte sin dejar de pensar que te estaba abandonando, que volvía a hacer lo que mi corazón me pedía que no hiciera. Recuerdo que apretábamos fuertes nuestras manos, que nos acariciábamos la piel, casi como si fueran más que caricias. Enlazadas, con fuerza, la una agarrada a la otra pero sin mirarse. Dolía demasiado mirarse en ese momento, mientras el taxi nos llevaba a la separación.

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