lunes, 27 de agosto de 2007

El Cuentacuentos "El Libro del Desván"

-El hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él.- leyó en voz baja extrañado, se giró para mirar a su abuelo y levantó la voz- ¿Abuelo, no decías que este era un libro sobre tu vida?

Había cerrado la gruesa tapa negra bruscamente, de las amarillentas hojas tan finas como el papel con el que el mismo anciano que le miraba se liaba los cigarros, salió un poco de polvo debido al tiempo acumulado en ellas. Tiempo que había supuesto olvido. Su abuelo le miró por encima de la gafas, con una sonrisa bromista, casi juguetona en el rostro.

-Yo nunca he dicho eso… -dijo con un tono de voz que quería sonar a misterio- Yo dije que ese libro te contaría tu historia igual que a mí me contó la mía.

Volteó los ojos, crispado, desde luego su madre tenía razón, el abuelo se había vuelto definitivamente loco. Decidió que era mejor hacer como que no le había escuchado, dejarlo sentado en el viejo butacón donde solía contar sus batallitas y ponerse a jugar a la Play Station 3, que para algo la había comprado y pirateado.

Caminó arrastrando sus pies por el salón y golpeó el libro para apartarlo. Este se abrió casi por la mitad. Las páginas 1.178 y 1.179 lucían completamente en blanco. Se acercó un poco más al libro, con algo de curiosidad, se sentó en el suelo y lo puso entre sus piernas. Era un libro muy grande y pesado, debía tener como unas 2.000 páginas. Las ojeo por encima, estaban todas en blanco. Lo único que había escrito en ellas era el número de páginas y aquella extraña introducción que no le recordaba para nada a la vida que sabia había tenido su abuelo, por mucho que él llevase todo el día empeñado en decir que ese libro contaba su historia, la de todos.

Miró la última página, el libro tenía 2.019 páginas. Todos amarilleadas por el paso del tiempo, por el olvido que las había castigado a permanecer encerradas dentro de un viejo baúl que su abuelo conservaba en el desván y, que solo hoy y por ser su cumpleaños número doce, había decidido entregarle. Con aire de incredulidad giro la cabeza hasta contemplar a su abuelo que no se había movido de donde le había dejado. No sabia porque pero hoy parecía distinto. Siempre había sido mayor, siempre había delirado un poco, pero hoy había algo en su mirada que era diferente. Cerró el pesado libro e hizo lo que su abuelo le había pedido esa mañana temprano. Sentarse tranquilamente a su lado y leérselo. Ahora que había visto que estaba en blanco no le resultaba una tarea tan tediosa.

-¿Sabes que el libro está en blanco?- dijo con una sonrisa casi maléfica en el rostro.

-Solo ahora, si vas leyendo, él te irá contando tu historia.

Rió, no podía evitarlo. Su abuelo se había vuelto realmente loco. Decidió mostrarle a su abuelo lo que decía, quizás un golpe con la realidad le haría volver de nuevo al mundo de los cuerdos.

-Menos mal que no está mamá aquí para escucharte, sino hoy no te libras del geriátrico.- Abrió el libro por la primera página, levantándolo para que su abuelo lo viera con claridad. Leyó en voz alta.- “EL PISTOLERO” ¡Ves! Nada de la segunda guerra mundial ni esas patrañas. Va de un pistolero, como los de las películas de Clint Eastwood.

Su abuelo solo sonreía, con una mirada infantil, llena de una alegría y un entusiasmo que se contagiaban con solo mirarle. Quizás por eso seguía sentado a su lado sujetando ese pesado libro entre sus manos.

Pasó página de nuevo y se encontró con la misma frase con la que había empezado todo. Debajo de ella no había nada. Solo una página amarilla y demasiado fina como para aguantar que la pasara sin mucho cuidado. Pero, de pronto, algo sucedió. Tenía la vista fija en esa página, esa página de ese libro sin nombre en la portada, ese libro que parecía tener más de mil años y que también parecía esconder más de mil secretos. Y entonces sucedió. Las palabras empezaron a escribirse solas delante de sus ojos. El susto hizo que el libro se le cayese al suelo, recogió sus piernas contra su pecho y lo miro desde el sofá mientras su abuelo reía.

-¡Ves, pequeño! Ahora te esta contando tu historia. No tengas miedo…

Levantó la mirada del libro y miró a su abuelo de nuevo, no entendía como podía permanecer tan tranquilo después de lo que había visto. Señaló el libro con una mano temblorosa.

-¿Tú sabias… eso? –preguntó asustado.

El abuelo se rascó la barba, hizo ademán de pensar un poco y le espetó a la cara.

-Claro que lo sabía. Por eso es un regalo tan especial. Por eso tenia que dártelo a solas. Por eso te dije que contaba tu historia.

Aún temblaba cuando se bajo del sofá y se acercó de nuevo al viejo libro, este había caído de cualquier manera, sus amarillentas páginas estaban dobladas y las tapas caían ambas al mismo lado. Lo agarró con fuerza y lo cerró. Poniéndolo frente a él, perfectamente recto, perfectamente cerrado, con todas las páginas perfectamente lisas. Estaba asustado. Cogió aire mientras escuchaba a su abuelo reír como un niño pequeño la mañana de reyes y lo abrió, de nuevo el título rezó en su primera página. No había nada más. Ni escritor, ni prologo, ni resumen, ni nombres de capítulos. Solo esas dos palabras en el centro de la página.


EL PISTOLERO


Acercó su mano sigilosamente para acariciar las letras. No estaban abultadas, no parecían estar escritas con tinta, ni grabadas. Nadie podría grabar nada en ese fino papel. Giró la cabeza y miró a su abuelo que permanecía expectante. Pasó la página temblando, con cuidado, como nunca antes había pasado ninguna página de ningún libro.

Las palabras seguían escribiéndose ante él. Maravillado, empezó a leerlas. Poniendo atención y un énfasis especial en cada una de ellas. Viendo al hombre de negro en su cabeza mientras las leía. Absortó, se perdió en sus palabras, en esas que se escribían ante sus ojos. Agachó la cabeza y se aproximó la más que pudo al libro. Al cabo de un rato sintió calor. Levantó la mirada y lo que vio le dejo paralizado. Ya no estaba en el suelo del salón de su casa. Estaba en un desierto, pero no en cualquier desierto. El desierto era inmenso, la apoteosis de todos los desiertos. Mientras miraba absorto a su alrededor sintió una ligereza en las piernas, agachó la cabeza y vio que el libro había desaparecido. Se puso en pie, aturdido y una alargada sombra le respondió desde la blanca y reseca extensión del desierto. Se miró de arriba abajo y no se reconoció. Sus manos eran grandes, fuertes y de sus caderas, metidas en sus fundas, con sus correas cruzadas sobre su bajo vientre, colgaban dos pistolas que le quedaban a la altura perfecta para esas fuertes manos que no reconocía como suyas pero que le pertenecían no sabía cómo ni por qué.

De pronto le asaltó un vértigo momentáneo, una sensación de vahído que hizo que el mundo entero fuera como algo efímero, un objeto que casi se podía atravesar con la mirada. La sensación se desvaneció y, al igual que el mundo sobre el cuyo pellejo caminaba, también él se movió. Ya lo recordaba todo. Tenía que cazar al hombre de negro, lo había prometido.

El abuelo se acercó al libro y vio como la silueta de su nieto se transformaba. Sonrió y cerró el libro despacio, subiéndolo de nuevo al desván mientras acariciaba el lomo y no dejaba de repetir.

-Buena suerte, Roland.


Para Aarón

N/A: Las frases que están escritas en otro tipo de letra y en cursiva han sido extraídas del tomo primero de “La Torre Oscura – El Pistolero” escrito por Stephen King. Esto me pasa por poner mi cerebro en Modo Paranoia ON.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

¡ME HA ENCANTADOOOO!
Im-presionante!!!
Increíble, faltan bastantes tildes, lo que me toca bastante los nervios (pero soy una psicótica de las tildes...), pero aparte de eso el relato, la forma de contarlo y todo, todo y todo ha sido apasionante y muy original!!!
un besazo de fresas!!

Anónimo dijo...

Ha estado genial!! Yo no me he leído ninguno de la torre oscura, la verdad... No es que me atraiga...

Pero casi podría asegurarte que cierto Principito se moriría por encontrar un libro así y poder ser él mismo el pistolero... jijiji...

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

Pugliesino dijo...

él acerca su mano para acariciar las letras y casi que tus palabras acarician nuestra lectura. La elegancia con que desfilan ante nuestros ojos,sin interrupción alguna, transcurren sin repetirse a través de una historia, de un instante que conduce a los pies de la torre. Un camino que ha merecido la pena recorrer.
Bellísimo relato. Un abrazo!

Anónimo dijo...

Muy bueno! Me encanta el toque de fantasía y magia en algo que a simple vista puede parecer mundano.

Al fin y al cabo, todos estamos viviendo dentro de nuestros propios libros. Somos los guionistas de nuestras propias historias :)

Un saludo!

Pedro dijo...

¡Que bueno! Me ha encantado. Yo he intentado hacer algo de homaneja a la Torre Oscura, pero tu te sales. Has enlazado perfectamente la historia con la de Roland, las frases en cursiva en su sitio justo y el final redondo.


Un saludo,

Pedro.

Laura Luna dijo...

Estaba esperando a mañana para decírtelo, pero no he podido evitarlo:

¡¡¡¡¡ME HA ENCANTADO!!!!!
Muy original, y un estilo de redacción muy personal :)

Recuerdo cuando entraste en Cuentacuentos, la primera vez que te leí, pensé: "esta chica promete". Y cada relato tuyo reafirma más mi "premonición" ;)

Un besote y hasta mañana (literalmente)
Mun

El mundo de Yas (Andrés) dijo...

una vez escribí una historia que el libro marcaba justo lo que iva pasando en la vida de un chico... seme ha hecho semejante... aunque por tematica muy distinto, me ha gustado mucho, en algun momento un poco pesado se me ha hecho, pero en general me ha gustado te lo dice uno que no tiene ni idea...jajajaja

Un beso
Mundoyas.

Anónimo dijo...

Ohhh...lo que más me duele de no haber pagado antes mi deuda es el no haber disfrutado antes de joyas como esta...me encantan las referencias y los guiños, y la imagen del abuelo descubriendo ese mundo a su nieto. Que bueno...

Muchisimas gracias por dedicarme este relato, tan bien escrito como todos los tuyos pero con un significado muy especial para mí, como sin duda sabrás.

Un besazo!!!

pd: sabes?? me encanta la frase "el desierto era inmenso, la apoteosis de todos los desiertos"...

graciasss!!!!