Le escuché en silencio porque escupir aquella historia parecía costarle demasiado. Cada una de sus palabras parecía abrirle cicatrices en la piel, como si nunca hubieran desparecido, como si sus palabras fueran cuchillos que se deslizaban por su piel y le cortaban. Temblaba, de rabia, de impotencia, de dolor, pero no lloraba, no aún.
Yo no podía hacer nada, solo mirarle, escucharle, tenderle mi mano y aferrarme a la suya como quien se aferra a la vida, intentando recordarle que nunca estará solo, intentando que esta vez no lo vuelva a olvidar, que yo no me iré de su lado, que recorreré esos tortuosos caminos de desesperación con él, por él.
Hacia frío mientras abría su corazón, mientras vertía su alma en palabras que parecían querer consumirle, mire a mi alrededor, buscando una ventana abierta, pero no había ninguna, todo estaba cerrado, como siempre en esa maldita blanca habitación. Ni una pequeña brisa podría recorrerla. Entonces lo entendí, si hacia frío era por él, porque estaba sacando todo el dolor que guardaba dentro y ese dolor consumía el calor humano que desprendíamos los dos.
-¿Entiendes porque lo hice?- me pregunta mirándome a los ojos de nuevo, buscando, desesperado, un ápice del perdón que él mismo jamás se daría.
-Sí, lo entiendo.
Sonríe de forma sarcástica, casi cruel, levanta la mirada hacia el techo de la habitación acolchada buscando algo, no sé el qué.
-Pues explícamelo, porque no lo logro comprender…- suspira y, por un instante, parece que una lágrima solitaria amenace con escapar de la inmensidad de sus ojos que, a pesar de las arrugas, siguen pareciendo los del joven de 20 años que hace ya una vida que conocí- ¡He hecho cosas horribles! ¿Por qué sigues a mi lado? No te merezco…
-Porque te amo.- le respondo mirándole directamente mientras le tiendo mi mano.
Se levanta de pronto, casi sin darme tiempo a reaccionar, sus ojos envueltos en ira me miran con desprecio, su voz retumba en la blanca habitación mientras me grita y yo solo puedo encogerme y temblar de miedo.
-¡Tú no me amas! ¡Ni yo a ti! ¡Eres despreciable! ¡Es mejor que te vayas y no vuelvas nunca! ¡Te odio!
No sé como consigo levantarme de la cama y encararle, es duro, es difícil hacerlo, pero lo logro. Me levanto y camino los pocos pasos que me separan de él. La ira que el envuelve parece no dejar que nadie se acerque, pero no le temo, ha hecho daño a muchos, pero nunca mi. Sé que detrás de las puertas, los enfermeros están atentos a todos sus movimientos y que sus gritos han hecho que vengan corriendo, les escucho meter las llaves en la puerta mientras me gritan que me aleje de él. Mientras él mismo me grita que no me acerque más o me matara, pero sigo caminando, mirándole directamente a los ojos, sin decir nada, solo nos separan centímetros y no le temo.
Cuando los enfermeros abren la puerta se quedan paralizados ante la escena, sabían que era muy agresivo, peligroso y enmudecieron ante lo que vieron al atravesar el umbral con las correas preparadas y la jeringuilla en la mano. Ahí estaba él, abrazado a mi cintura, tirado en el suelo, con su cabeza apoyada en mis piernas mientras lloraba desconsolado y yo le acariciaba su, ahora veteada de gris, melena con mis manos arrugadas.
-Shhh- digo mientras indico a los enfermeros que se marchen- Ya esta todo bien, amor, llora, no pasa nada. Llorar te hará bien. Yo no te dejaré solo nunca. Siempre estaré contigo, amor. Llora mi niño, que el dolor con llanto se va.
Y lloró, lloró lo que parecía ser un mar, lloró tanto como no había llorado en su vida, dejando salir sus miedos, su ira, su dolor, quedando limpio y tranquilo por primera vez en su vida. Levantó la cabeza y me miró, con la misma expresión de amor que cuando nos conocimos.
-Gracias… -susurró aún sollozando.
Los médicos abren la puerta y dicen que me tengo que marchar, veo que implora con su mirada que no me vaya mientras yo imploro a los médicos que me dejen llevármelo conmigo.
-Sabe que no esta bien aún, mañana podrá volver.
Me levanto como puedo, con él aún aferrado a mi cintura suplicando porque no le deje solo.
-Cuando te vas, ellos vuelven, todas las noches vuelven…
No puedo contener las lágrimas en mis ojos mientras salgo de la habitación, pensando en lo mucho que me duele esta situación. Me miras de nuevo, pero ya no hay amor en tus ojos. Solo veo desprecio y odio.
-¡Eso! ¡Vete! ¡No te necesito! ¡No necesito a nadie! ¡Eres como ellos! ¡No, eres peor! ¡No vuelvas! ¡No te necesito!- te agarras a la puerta para mirarme mientras yo intento rehuir esa mirada que me hace desear morir- ¿Me escuchas? ¡NO TE NECESITO!
Agacho la cabeza y acepto el brazo del joven medico que me acompaña a la salida, sola ya no puedo caminar, no después de tus palabras. Hace años que te visito, hace años que me cuentas cada día la misma historia, hace años que me perdonas y me vuelves a odiar de nuevo, que me amas y me destruyes y yo solo puedo volver cada día y luchar por tenerte un segundo en mis brazos.
-Hace años que está así, ¿Por qué continúa viniendo? Sabe que no mejorará nunca–me pregunta el medico que me acompaña a la salida con curiosidad en la mirada.
Le miro a sus ojos jóvenes y llenos de curiosidad y solo puedo sonreír.
-Porque él me da la vida, pequeño, y sin él, no soy nada. Vendría cada día de mi vida, aunque me grite, me insulte, me escupa y me golpee solo por ese segundo en que se aferra a mi cintura y volvemos a ser esos jóvenes de 20 años que prometieron amarse hasta la tumba.
Yo no podía hacer nada, solo mirarle, escucharle, tenderle mi mano y aferrarme a la suya como quien se aferra a la vida, intentando recordarle que nunca estará solo, intentando que esta vez no lo vuelva a olvidar, que yo no me iré de su lado, que recorreré esos tortuosos caminos de desesperación con él, por él.
Hacia frío mientras abría su corazón, mientras vertía su alma en palabras que parecían querer consumirle, mire a mi alrededor, buscando una ventana abierta, pero no había ninguna, todo estaba cerrado, como siempre en esa maldita blanca habitación. Ni una pequeña brisa podría recorrerla. Entonces lo entendí, si hacia frío era por él, porque estaba sacando todo el dolor que guardaba dentro y ese dolor consumía el calor humano que desprendíamos los dos.
-¿Entiendes porque lo hice?- me pregunta mirándome a los ojos de nuevo, buscando, desesperado, un ápice del perdón que él mismo jamás se daría.
-Sí, lo entiendo.
Sonríe de forma sarcástica, casi cruel, levanta la mirada hacia el techo de la habitación acolchada buscando algo, no sé el qué.
-Pues explícamelo, porque no lo logro comprender…- suspira y, por un instante, parece que una lágrima solitaria amenace con escapar de la inmensidad de sus ojos que, a pesar de las arrugas, siguen pareciendo los del joven de 20 años que hace ya una vida que conocí- ¡He hecho cosas horribles! ¿Por qué sigues a mi lado? No te merezco…
-Porque te amo.- le respondo mirándole directamente mientras le tiendo mi mano.
Se levanta de pronto, casi sin darme tiempo a reaccionar, sus ojos envueltos en ira me miran con desprecio, su voz retumba en la blanca habitación mientras me grita y yo solo puedo encogerme y temblar de miedo.
-¡Tú no me amas! ¡Ni yo a ti! ¡Eres despreciable! ¡Es mejor que te vayas y no vuelvas nunca! ¡Te odio!
No sé como consigo levantarme de la cama y encararle, es duro, es difícil hacerlo, pero lo logro. Me levanto y camino los pocos pasos que me separan de él. La ira que el envuelve parece no dejar que nadie se acerque, pero no le temo, ha hecho daño a muchos, pero nunca mi. Sé que detrás de las puertas, los enfermeros están atentos a todos sus movimientos y que sus gritos han hecho que vengan corriendo, les escucho meter las llaves en la puerta mientras me gritan que me aleje de él. Mientras él mismo me grita que no me acerque más o me matara, pero sigo caminando, mirándole directamente a los ojos, sin decir nada, solo nos separan centímetros y no le temo.
Cuando los enfermeros abren la puerta se quedan paralizados ante la escena, sabían que era muy agresivo, peligroso y enmudecieron ante lo que vieron al atravesar el umbral con las correas preparadas y la jeringuilla en la mano. Ahí estaba él, abrazado a mi cintura, tirado en el suelo, con su cabeza apoyada en mis piernas mientras lloraba desconsolado y yo le acariciaba su, ahora veteada de gris, melena con mis manos arrugadas.
-Shhh- digo mientras indico a los enfermeros que se marchen- Ya esta todo bien, amor, llora, no pasa nada. Llorar te hará bien. Yo no te dejaré solo nunca. Siempre estaré contigo, amor. Llora mi niño, que el dolor con llanto se va.
Y lloró, lloró lo que parecía ser un mar, lloró tanto como no había llorado en su vida, dejando salir sus miedos, su ira, su dolor, quedando limpio y tranquilo por primera vez en su vida. Levantó la cabeza y me miró, con la misma expresión de amor que cuando nos conocimos.
-Gracias… -susurró aún sollozando.
Los médicos abren la puerta y dicen que me tengo que marchar, veo que implora con su mirada que no me vaya mientras yo imploro a los médicos que me dejen llevármelo conmigo.
-Sabe que no esta bien aún, mañana podrá volver.
Me levanto como puedo, con él aún aferrado a mi cintura suplicando porque no le deje solo.
-Cuando te vas, ellos vuelven, todas las noches vuelven…
No puedo contener las lágrimas en mis ojos mientras salgo de la habitación, pensando en lo mucho que me duele esta situación. Me miras de nuevo, pero ya no hay amor en tus ojos. Solo veo desprecio y odio.
-¡Eso! ¡Vete! ¡No te necesito! ¡No necesito a nadie! ¡Eres como ellos! ¡No, eres peor! ¡No vuelvas! ¡No te necesito!- te agarras a la puerta para mirarme mientras yo intento rehuir esa mirada que me hace desear morir- ¿Me escuchas? ¡NO TE NECESITO!
Agacho la cabeza y acepto el brazo del joven medico que me acompaña a la salida, sola ya no puedo caminar, no después de tus palabras. Hace años que te visito, hace años que me cuentas cada día la misma historia, hace años que me perdonas y me vuelves a odiar de nuevo, que me amas y me destruyes y yo solo puedo volver cada día y luchar por tenerte un segundo en mis brazos.
-Hace años que está así, ¿Por qué continúa viniendo? Sabe que no mejorará nunca–me pregunta el medico que me acompaña a la salida con curiosidad en la mirada.
Le miro a sus ojos jóvenes y llenos de curiosidad y solo puedo sonreír.
-Porque él me da la vida, pequeño, y sin él, no soy nada. Vendría cada día de mi vida, aunque me grite, me insulte, me escupa y me golpee solo por ese segundo en que se aferra a mi cintura y volvemos a ser esos jóvenes de 20 años que prometieron amarse hasta la tumba.
11 comentarios:
Impresionante, realmente impresionante.
Has manejado la frase muy bien, enhorabuena.
Impresionante. Esta es, como mínimo, una historia de 10'5...
Es realmente dura, pero no por ello deja de ser preciosa. Porque a fin de cuentas... ¿no todos haríamos lo mismo que la protagonista por vivir ese segundo (aunque sólo fuese un segundo)? Imagino que no todos, pero sí algunos... él no tiene la culpa de su estado y ella lo sabe. Durante ese instante vuelven a amarse y todo lo demás deja de importar...
Aplausos y besos a montones!!
ME HA ENCANTADO. Un relato muy duro por una parte y muy emotivo por la otra. Eso es amor y lo demás son tonterías. Debe ser muy duro pasar por eso, pasar por que tu amor se vuelva loco, tenga Alzeimer, o cualquier cosa que haga parecer que ya no te quiere. El cerebro muchas veces se pone en contra de uno pero el corazón siempre está ahí, latiendo, intentando asomar la cabeza por encima de la locura del cerebro.
Si a mi amor le pasara lo que le pasa al prota de tu historia, yo tb seguiría día a día visitándola, eso seguro.
Sinceramente, cojonudo.
Un abrazo!
Hermoso. Ya sabes que a mí también me gusta, me deslumbra, la belleza que escapa de un dolor tan profundo que desgarra. Siempre llega más profundo.
Me tienes al borde de las lágrimas. Y es difícil, no creas.
Me ha parecido una historia tremendamente buena, de verdad, no sé que más decirte, porque diga lo que diga no estará a la altura de la historia :)
Hello...ya te encontré y me lei todo lo que pude de tu blog. Ahora te llevo al mio y ahi te quedas. Nos vemos, en su defecto nos hablamos.
Bye estuvo muy interesante. Conti plissssssss
Me habían recomendado fervientemente esta historia y yo, que he leido ya muchas en el ultimo año siempre sigo las recomendaciones.
Es buena, es muy buena. No me extraña que a los que la han leido se les encoja algo dentro, es un relato de los que remueven el interior de los lectores. Dice una gran verdad, entre otras, pues nadie podría haber explicado mejor el motivo de las visitas a diario. Es más, estoy seguro de que ella seguirá escuchandole en silencio cada día, aguantandolo todo, para sentir sus lágrimas y apaciguarle una vez más.
Enhorabuena, me ha encantado...
Yo llego también a través de las recomendaciones, seguro que lo habría echo igual, esta semana estoy siendo buena y leyendo todo lo que puedo.
Creo que yo lo han dicho todo ellos. Me dejas con una sensación extraña, de esas que te revuelven por dentro porq sabes que harías lo mismo si te encontraras en la misma situación. Te pones en el lugar de la protagonista y te dejas llevar y puedes sentir ese desgarramiento...
Mis felicitaciones. de verdad.
1 besazo
Wow! Me has dejado sin palabras, pelirroja. Me ha encantado. Hay que querer mucho a alguien para poder repetir todo eso a diario...solo por un momento que vuelva a recordar tiempos pasados. No he podido evitar pensar en "el hombre que confundió a su mujer con un sombrero" seguro que te gustaría. Genial de verdad. Un besote! y hasta la próxima!
Felicidades es una historia muy conmovedora. Me ha gustado mucho como se aferra a ese amor tu protagonísta.
Un abrazo
Leerla de nuevo una vez más y redescubrirla, sentir como el vacío de la habitación se llena con el amor que envuelve ese abrazo es todo un placer. Con que delicadeza paso a paso describes y desvelas del tiempo que nos detiene en la lectura su secreto. El que tan solo un instante puede significar el sentido de una vida.
Preciosa de veras.
Un abrazo
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