Hay días en los que mi voz se quiebra y no se escucha, pero mi alma grita tan desgarradora que parece que se va a partir. Mi alma grita, llora, patalea y me pide que huya, que salga corriendo, que me aleje veloz y sin importar a donde, pero que no permanezca el suficiente tiempo parada como para que mis demonios me alcancen... Lo malo es que mis demonios viven pegados a mí y por mucho que corra nunca están tan lejos como para no oírles susurrar mis miedos al oído.
Hoy es uno de esos días. Hoy el miedo me ha atrapado antes de poder dar un paso, antes de oírle llegar, antes de poder siquiera pensar en huir ya me tenía presa. Me ha abrazado con sus brazos como si fueran cadenas y ahora me tortura al oído.Es una frase terrible, una frase que me hace temblar de pies a cabeza, una frase que me hace rejuvenecer 20 años para volver a ser una niña de seis que suplica que no le hagan daño, que llora porque teme lo que se le acerca pero no puede hacer nada por evitarlo. Hoy él viene a mi casa. Viene con su mujer y con su hijo a la misma casa donde me robó la inocencia cuando era tan solo una niña que no sabía lo que estaba pasando, que no sabía lo que le estaban haciendo, que no podía hacer otra cosa más que llorar mientras sus manos acariciaban mi cuerpecito y mi alma gritaba porque eso terminase pronto.
Gracias a Dios mi cuerpo no lo resistió mucho y decidió desmayarse para dejar de sufrir.
Pero saber que va a estar aquí, que me va a hablar, que se va a sentar a mi mesa, a comer a mi lado, hablando de trivialidades, como si lo que me robó esa noche no importase, como si el daño que causo no fuera nada, como si la marca que me dejó no fuese visible desde cualquier lugar a pesar de la distancia, como si le brecha que abrió en mi alma no fuera nada, como si él no hubiese sido el culpable de abusar sexualmente de mí.... todo esto me mata, me asesina, me hace retorcer de dolor y me hace desear que el mundo se detenga, me trague y no me vuelva a escupir nunca más. Me siento como si de nuevo tuviera seis años y él detuviese mis gritos con su lengua en mi garganta. Ya no me abraza, ya no me retiene, ya no me impide hacer nada de nada, pero su sola presencia hace que me sienta de nuevo amarrada y sin poder defenderme de sus ataques.
Sé que no me gusta nada decir que odio, porque odio es una palabra muy grande, el odio es un sentimiento terrible, es el peor sentimiento que existe, pero no me siento mal por decir que le odio. Le odio con más fuerza de la que creí tener, le odio tanto que creo que mi cuerpo destila ese odio por cada poro de mi piel, le odio tanto que cuando estamos en la misma habitación me parece increíble que nadie se de cuenta, que nadie vea lo que me ocurre cuando él esta cerca.
Crecí sola, triste, sin sonrisas, sin amigos, sin llanto, sin alegría, sin vida... crecí por pura casualidad, no por querer crecer, no por querer luchar, no por querer vivir. Crecí porque mi cuerpo decidió ser más fuerte que mi alma, más fuerte que mis gritos de dolor, crecí porque no sé de donde saqué una fuerza que no conocía y decidí vivir, salir adelante, intentar salvar mi alma de las garras de un pasado que me persigue siempre.
Crecí sola, triste, sin sonrisas, sin amigos, sin llanto, sin alegría, sin vida... crecí por pura casualidad, no por querer crecer, no por querer luchar, no por querer vivir. Crecí porque mi cuerpo decidió ser más fuerte que mi alma, más fuerte que mis gritos de dolor, crecí porque no sé de donde saqué una fuerza que no conocía y decidí vivir, salir adelante, intentar salvar mi alma de las garras de un pasado que me persigue siempre.
Casi siempre lo consigo, casi siempre puedo decir que me siento bien, que quiero sobrevivir sin pensar más en él, pero hoy no puedo... Hoy solo quiero gritar, llorar, sollozar, correr hasta el acantilado más alto y romperme la garganta hasta que mis gritos hagan salir el alma de mi cuerpo, hasta que no quede una sola persona en el mundo que no haya sentido mi dolor, hasta que todos puedan saber que es lo que me mata por dentro y no me deja sonreírle a la vida, no me deja sonreír a nada.... mi vida se vuelve llanto, dolor, sangre, miedo y tortura.
El llanto de una niña que suplica porque no le hagan daño, el dolor de sentir que algo te atraviesa cuerpo, piel, carne y alma, la sangre que derramé al sentirme invadida de esa manera, el miedo a no poder resistirlo y la tortura por tener que volver a verle durante el resto de su vida.
Pero no os preocupéis por mí, sobreviví con seis años, puedo volver a hacerlo.

3 comentarios:
Hey nena!
Puedo decir que yo tengo suerte (aunque también la desgracia) de no recordarlo. A veces le he visto por la calle y lo he reconocido, pero ni en mil años él entraría en mi casa. No le conozco.
Pero desde aquí tienes mi ánimo. Y mis tijeras de podar, por si necesitas mi ayuda ò_ó
Un abrazo, linda.
Bueno, si es bueno saber que no se te va a meter en casa... yo odio las reuniones familiares por eso. Por su culpa, pero ya estoy mucho mejor.
Hoy no me ha afectado tanto como otras veces, y eso que hoy me ha hablado, cosa que no hace nunca.
*sandra agarra las tijeras y las abre y las cierra con cara de psicopata*
Es mejor reír que llorar, no?
Te voy pegar un abrazo que me va a dar igual que seas arisca y todo eso...
Te voy a achuchar tanto que hasta mi pelo se va a contagiar del tuyo y voy a volver a casa pelirroja... jajaj...
Besos miniña...
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