A veces la vida tiene que plantarte en la cara las cosas para que las veas, hay veces en las que te tiene que dar una patada en el culo para que te levantes y te des cuenta de que lo que de verdad quieres, lo que siempre has buscado, lo que de verdad te importa, está ahí, delante tuyo, que lo tienes a tu alcance, pero como nunca te habías parado a mirarlo dos veces, no te habías dado cuenta de que lo tenías.
Yo siempre había pensado que era lo que quería, que era lo que necesitaba, que era lo que me iba a hacer feliz. Y había ido juntando cosas, consiguiendo todo lo que necesitaba para ser feliz, pero sin serlo de verdad.

Y conocí a alguien que me abrió las puertas de un mundo que era casi impensable para mí, me tomó de las manos y me dijo que había que saltar, que siempre hay que saltar. Y salté... Sin mirar atrás, ni abajo, sin importar nada más que ese salto y su mano aferrada a la mía para siempre.
Hace casi un mes que volví al mundo real, a ese que nunca comprendía bien del todo, pero ahora es distinto, porque ahora sí sé lo que de verdad busco, lo que de verdad quiero. Cuando salté vi algo nuevo para mí, allí, al final del camino había una chica. Era de piel pálida como la luna, cabello rojo fuego y ojos verde esperanza.
Me habló, con una sonrisa pintada en la cara, con alegría en la mirada, con la piel llena de caricias y los labios de gracias. Me dijo que la había salvado, que llevaba años gritando y nadie la oía, que había intentado todo por poder vivir, que sentía que se había estado ahogando en un mundo sin sentido, en una vida que no deseaba y que, por un momento, se había rendido. Me habló de sus sueños, de esos que había roto cada día, de como había soportado el dolor de verse alejada de todo lo que de verdad deseaba tener. Y tomó mis manos con fuerza de nuevo para agradecerme que la hubiera liberado, que hubiera sido capaz de romper esa jaula de cristal en la que vivía encerrada.
Y me besó, un beso profundo, sincero, lleno de amor de verdad, de agradecimiento, de vida, de esperanzas, de sueños, de alegría por ser libre por fin. Al abrir los ojos estaba sola de nuevo, pero no lo estaría nunca más. Esa pelirroja que había liberado me acompañaba cada día y, ahora que es libre y sabe lo que de verdad necesita, no se callará nunca más.
Esta pelirroja ha visto el Sol y quiere volver a tocarlo con las manos para poder sonreír cada día de su vida y agradecerle por haber iluminado el camino que tenía que seguir, por haberla convertido en ella de verdad. Quizás ella no lo sepa de verdad, pero la Pelirroja sabe que aunque fueron sus manos los que abrieron la jaula donde ella misma se había encerrado, fue la luz del Sol la que le dio la fuerza para luchar por la vida que de verdad quería vivir.

3 comentarios:
Si algo me encanta es la reciprocidad que tenemos. Tú dices que yo te ayude a salir de lo conforme que estabas con tu vida, más tú hiciste lo mismo por mi. Por muy fuertes que creíamos que eramos, nos faltaba algo, una chispa, un sentimiento, un deseo para salir de ahí.
Tú me diste una razón para continuar, me liberaste de mi insipiente mundo de engaños, me has hecho muy feliz.
Gracias por ser mi mundo, por llenarme de sonrisas, abrazos, besos, caricias, consuelos, por dejarme apoyarme en ti, por dejarme llorar, por comprenderme, por amarme, por atarme. Te amo, más que nada y a nadie, más que a mi misma, más allá de las palabras.
Leer esto a las 6:29 de la mañana, después de haber pasado 8 horas lijando coches mientras mi mente me llevaba continuamente a ti, es una maravillosa forma de irse a dormir. Aunque lo que más has conseguido haya sido emocionarme con tus palabras.
Te amo, Pequeña y siempre te amaré.
Hola!
la verdad, empiezo a "mancharme" de toda la sensacion que despierta este color. Para mi, es algo absolutamente nuevo y la verdad em asusta un poco. Me alegra que tengas las cosas tan claras y que la mira de tu vida haya cambiado para complacerte.
Me gustaría tener tu msn :)
Nos vemos, un beso.
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