Tomó un cuchillo con las manos temblorosas, llorando lágrimas silenciosas por sus ojos carentes de vida. Se detuvo un segundo antes de empezar el ritual, cogió aire y suspiró con fuerza mientras gritaba.
Un primer corte, limpio, recto, perfecto, como ella.
Atravesó sus labios con la fina hoja del cuchillo y no se detuvo un segundo a pesar del dolor. La sangre brotó a borbotones por esos rojos labios que habían llevado a la locura a mil hombres en un solo día. Siempre habían sido rojos, como la sangre, rió ante la idea que ahora esa misma sangre los cubriera.
-Ya no volverás locos a nadie más... todo terminará hoy.Continuó el camino de la tortura, dispuesta a terminar con su belleza, a arrancar del espejo esa cara que les volvía locos, que les hacia desearla más que a nada en el mundo. Ese deseo que la había destrozado una y mil veces cada día.
En cada mirada lasciva, en cada palabra llena de deseo, de sexualidad. En las caricias que le habían robado a escondidas, acallando sus labios con besos que no deseaba. Era difícil vivir así…
La decisión estaba tomada. Llenó su rostro de cortos, algunos muy profundos, como las heridas infligidas en su piel con el nombre de caricias que su padre le había ofrecido desde pequeña. Otras más suaves, como las del mozo de la cuadra de su padre. Él si la llenaba de vida, él si la hacia sentir bien. Pero todo había terminado. Su padre no lo permitiría, estaba apunto de ser desposada con el hijo de un Conde que había quedado prendado por su belleza.
Observó su rostro ante el espejo y sonrió de nuevo, a pesar del dolor. Ya no era hermosa, ahora nadie la amaría, nadie la desearía, nadie le robaría caricias a escondidas. Escuchó pasos tras ella, sabia que se trataba de su padre, que venía a entregarla a su futuro esposo. No cubrió su cuerpo, esperando ver la reacción de su padre al ver que había destrozado eso que él tanto deseaba y poseía por las noches. Escuchó el grito cuando abrió la puerta y le miró a los ojos, con toda la furia que sus diecisiete años pudieron contener.
Y hundió el cuchillo con fuerza en sus entrañas, ante los ojos perturbados e implorantes de su padre.
Sintió como la vida se escapaba de su cuerpo y flotó, se miró a si misma, retorciéndose entre llanto, vísceras y sangre mientras su padre gritaba.
6 comentarios:
Aaaaa!!!! Madre mía que fuerte me parece!!! Joder!! Yo no creo que tuviese la fuerza necesaría para hacer eso... Seguramente habría buscado otra forma de escapar de ahí...
Una pasada neni... Me has dejado con la boca abierta...
Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.
Menos mal que me has advertido de lo gore que era... JODER...
O_O Trágico y desgarrador... Ésos son los términos...
La trama es buena. Puede servir de guión a un corto ;)
Se te ha escapado algún typo, revísamelo :P
Un besote hermoso, sin herir,
Mun
me producen dolor las palabras, y la imaginación me deja tan clara la imagen que si mirara en un espejo podría verla ahora mismo.
haz algo para q borre esta imagen!!!
besines
Triste, pero grandioso.
Estaría bien morirse y poder contemplarse desde arriba por unos instantes.
Me ha recordado a un capítulo de CSI en el que una modelo se destroza la cara porque es demasiado guapa...
pobrecito el chico de las cuadras... se ha quedado sin churri!!! :'(
un besote de fresas!!!
Joderrrrrrrrrrrr...
¡No hay otra palabra que se me ocurra! Rítmo de vértigo pero justificadom, ¿eh? Muy bueno. Ojalá pudiera yo escribir relatos de este tipo...
Y, el tema que subyace, ¡tela! Desgraciadamente aún quedan situaciones de este tipo y seguramente peores. Bueno, peores en realidad no sé porque, hasta el punto de que te lleve al suicicio... ¡ya es fuerte!
Me has dejado impresionada.
Heladito de cerezas y un montón de besos.
Queralt.
De lo mejor que he leido. Un narración en que la suavidad, sisi, la suavidad con que se desliza cada lágrima, el afilado cortante que desgarra silenciosamente la carne, el rojo que contiene el dolor, todo ello nos atrapa sin que sean necesarias vísceras y gritos de horror. Palidecemos ante la rabia contenida por tamaña injusticia, de la que la belleza no tiene la culpa sino la sociedad que ella sí grita enloquecida en la boca del padre. Y entonces, ya de coraje final dice ahí os quedais que me marcho! Y es libre.
Genial!!
Un abrazo
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