Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro. Una que cruja cuando pasen sus hojas viejas y desgastadas; que haga llorar, sentir. Impactar al mundo, hacer que me recuerden por siempre. Una vida que me haga inmortal a mí.
Las manos llenas de pintura dibujaban formas sin sentido en las paredes, mientras la música sonaba incesante en su cabeza. Se movía casi en una danza de locura y belleza, pintando música con colores de muerte, sintiendo cómo su melodía siniestra se convertía en algo más que notas que, descompasadas, le llevaban a hacerlo de nuevo.
Golpeó la pared. Primero una mano, luego otra. Una pausa y los tambores volvieron a sonar en su cabeza. Golpe, mano, pared, explosión de color y locura donde antes habitaba el blanco y su pureza. Un giro rápido hacia la izquierda y su pié se hundió en el rojo que aguardaba inquieto en su bote. Nuevo movimiento, voló por los aires dejando un rastro de sangre artificial. Huellas en el suelo y las manos gritando de color en las paredes.
Se arrodilló, las manos en la cabeza y color que resbalaba con libertad por su piel. El ritmo de su corazón se aceleró, al igual que los tambores, las manos enredadas en una extirpación de pelo y cordura, de arrancarse los sonidos de tormento que le martirizaban cada día, cada noche. Un grito fuerte y doloroso. Un grito que intentaba acallar sin conseguirlo las melodías que le torturaban desde su interior. Miró sus pinceles, ahora inútiles; hubo un día en que pudo pintar sutileza y amor con ellos, en delicados trazos sobre un lienzo en blanco. Eran inútiles como inútil era ella, como inútil era la monotonía de una existencia que avanzaba a trompicones, a golpes de tambor. Un salto hacia delante y seguía siempre en el mismo lugar. Le sangraba la vida entre las manos, huía mezclada con los colores de su delirio.
Se alzó en un impulso, en otro golpe de tambor, otro bombeo del corazón. Salió proyectada hacia delante, en dolorosa furia. La pared la acogió en un abrazo de piedra y muerte.
Apartaba la locura de la habitación como podía, esquivando los sin sentidos mientras avanzaba hacia ella. Reposaba allí, quieta, eterna, muerta en el suelo. Sangre mezclada con pintura. Las melodías que había pintado en las paredes le miraban con ojos dementes, un anuncio de su realidad por donde quiera que mirase. Habitación desnuda de muebles; sólo dibujos, pinturas, pinceles, sangre, un cuerpo desnudo y algo intenso y blanco en el centro de aquel caos. Algo que parecía un grito de cordura entre tanta demencia, entre tanto dolor. Se acercó despacio, casi con miedo a que se evaporase si corría demasiado.
Tomó la nota entre sus dedos y comenzó a leer.
Las manos llenas de pintura dibujaban formas sin sentido en las paredes, mientras la música sonaba incesante en su cabeza. Se movía casi en una danza de locura y belleza, pintando música con colores de muerte, sintiendo cómo su melodía siniestra se convertía en algo más que notas que, descompasadas, le llevaban a hacerlo de nuevo.
Golpeó la pared. Primero una mano, luego otra. Una pausa y los tambores volvieron a sonar en su cabeza. Golpe, mano, pared, explosión de color y locura donde antes habitaba el blanco y su pureza. Un giro rápido hacia la izquierda y su pié se hundió en el rojo que aguardaba inquieto en su bote. Nuevo movimiento, voló por los aires dejando un rastro de sangre artificial. Huellas en el suelo y las manos gritando de color en las paredes.
Se arrodilló, las manos en la cabeza y color que resbalaba con libertad por su piel. El ritmo de su corazón se aceleró, al igual que los tambores, las manos enredadas en una extirpación de pelo y cordura, de arrancarse los sonidos de tormento que le martirizaban cada día, cada noche. Un grito fuerte y doloroso. Un grito que intentaba acallar sin conseguirlo las melodías que le torturaban desde su interior. Miró sus pinceles, ahora inútiles; hubo un día en que pudo pintar sutileza y amor con ellos, en delicados trazos sobre un lienzo en blanco. Eran inútiles como inútil era ella, como inútil era la monotonía de una existencia que avanzaba a trompicones, a golpes de tambor. Un salto hacia delante y seguía siempre en el mismo lugar. Le sangraba la vida entre las manos, huía mezclada con los colores de su delirio.
Se alzó en un impulso, en otro golpe de tambor, otro bombeo del corazón. Salió proyectada hacia delante, en dolorosa furia. La pared la acogió en un abrazo de piedra y muerte.
Apartaba la locura de la habitación como podía, esquivando los sin sentidos mientras avanzaba hacia ella. Reposaba allí, quieta, eterna, muerta en el suelo. Sangre mezclada con pintura. Las melodías que había pintado en las paredes le miraban con ojos dementes, un anuncio de su realidad por donde quiera que mirase. Habitación desnuda de muebles; sólo dibujos, pinturas, pinceles, sangre, un cuerpo desnudo y algo intenso y blanco en el centro de aquel caos. Algo que parecía un grito de cordura entre tanta demencia, entre tanto dolor. Se acercó despacio, casi con miedo a que se evaporase si corría demasiado.
Tomó la nota entre sus dedos y comenzó a leer.
Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro...
Maya Takameru y yo sosteniamos el pincel...

7 comentarios:
(Copio y pego)
¡Qué locura de relato! Pero me gustado, ya desde el primer párrafo he volado entre tambores, pintura y melancolía.
Me ha encantado cómo habéis mezclado las palabras y las metáforas que habéis logrado.
un besazo de chocolate!
De la unión de dos titanes como vosotras, no podía esperar menos.
Me ha gustado mucho la paranoia y cómo la habéis desenvuelto, con muy buenas imágenes, pintadas de manera poética...
¡Exquisito!
Besos a las dos,
Mun
Hola.
Ya he dejado un comentario a Maya y he querido traertelo aquí también pero no he podido.
Quiero decirte que me ha gustado mucho lo que habéis escrito, ha sido un placer leerlo y hago hincapié en destacar lo bien compenetradas que estáis pues no se nota nada, pero nada en absoluto, que ese baile de sensaciones lo hayáis pintado entre las dos.
Gracias por compartirlo con todos nosotros y, ya podéis repetir cuando queráis pues, está claro que sale algo muy, muy bonito.
Mermelada de cerezas y muchos besitos.
Queralt.
Como le dije a Maya, genial genial genial.
Habeis conseguido un cuento muy impresionante y tan bien contado que hasta se puede visualizar.
Salu2
Inmortalizar la vida en un libro, en donde las palabras formen ese camino interminable en fila india para ser leidas. Pero os rebelais, alterais el orden de lo consignado despintándolo de la ya descolorida nada para crear en una danza de vida el caos mas hermoso. Iris en la retina de color y movimiento, evolución y revolución, pasión, centellas de sueños sobre el tiempo, acuarela en verso.
Un abrazo y enhorabuena a las dos!!
Un gran cuadro de vida.
Como le decía a tu compi me gusta mucho vuestra forma de escribir...tan poética y metáforica...
Me ha recordado un montón a Beleita y su frase...
Cuídate!
Os dejo a las dos el mismo cmentario (que llevo un tute de lecturas, jeje).
Genial, chicas, menuda explosión de colores, de furia, desesperación, increible como lo habeis plasmado. Os complenetrais muy bien! Muchos besitossss
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