Los hombros del ángel se estremecían mientras lloraba. Estaba agazapado, escondido bajo una pequeña alacena. Los gritos de su padre se escucharon un rato antes de que la puerta se abriese y su madre le escondió.
En unos segundos los insultos de su padre llenaban el ambiente, podía escuchar a su madre llorar. Siempre era igual, todo empezaba de la misma forma y terminaba igual, ya sabia como iba a acabar.
Su padre llegaba borracho, drogado, ebrio de dolor y con ganas de traspasar su mal a alguien más, de hacer daño tan profundo como parecía dolerle a él.
Se sentó en el suelo y abrazo sus piernas con fuerza, escondiendo la cabeza entre las rodillas, suplicando a Dios que eso terminase ya, que no le encontrase, que no hiciera daño a su madre. Había autentico terror en su mirada. Contaba con poco más de cinco año y había sufrido mucho más de lo que mucha gente sufre en toda una vida. Él sí sabía lo que era el miedo. No temía a los fantasmas, ni al lobo feroz, ni al hombre del saco. Esas cosas no eran para él. Sus terrores más profundos dormían bajo su mismo techo, a tan solo unos metros de él. Su miedo más atroz le miraba frío desde unos ojos iguales a los suyos.
Podía escuchar sus gritos en el comedor, su ira enfurecida gritando que él les había arruinado la vida, que eran desgraciados, que ojalá nunca hubiera nacido.
Tembló.
Se agarró con más fuerzas las piernas, clavando sus uñas en su propia piel, las lágrimas resbalaban por su rostro sin poder evitarlo. Se odiaba a si mismo, odiaba su vida, sus palabras, odiaba sufrir tanto. ¿Por qué tenía que hacerlo? ¿Por qué no podía ser como los demás? No sabia siquiera lo que significaba vivir y ya lo detestaba, tanto que ni él mismo se daba cuenta.
Escuchó un golpe, un grito de su madre. Sabía lo que había ocurrido. Él la había golpeado, de nuevo. Cuando no le encontraba ella solía pagar los enojos de su padre.
Silencio.
Unos minutos de silencio y la puerta de la cocina se abrió de nuevo. Aguanto la respiración como pudo, no quería que él supiera que estaba ahí escondido. Unos brazos le atrajeron. No era su padre. Era ella. Se abrazo al cuerpo de su madre y lloro en sus brazos.
En unos segundos los insultos de su padre llenaban el ambiente, podía escuchar a su madre llorar. Siempre era igual, todo empezaba de la misma forma y terminaba igual, ya sabia como iba a acabar.
Su padre llegaba borracho, drogado, ebrio de dolor y con ganas de traspasar su mal a alguien más, de hacer daño tan profundo como parecía dolerle a él.
Se sentó en el suelo y abrazo sus piernas con fuerza, escondiendo la cabeza entre las rodillas, suplicando a Dios que eso terminase ya, que no le encontrase, que no hiciera daño a su madre. Había autentico terror en su mirada. Contaba con poco más de cinco año y había sufrido mucho más de lo que mucha gente sufre en toda una vida. Él sí sabía lo que era el miedo. No temía a los fantasmas, ni al lobo feroz, ni al hombre del saco. Esas cosas no eran para él. Sus terrores más profundos dormían bajo su mismo techo, a tan solo unos metros de él. Su miedo más atroz le miraba frío desde unos ojos iguales a los suyos.
Podía escuchar sus gritos en el comedor, su ira enfurecida gritando que él les había arruinado la vida, que eran desgraciados, que ojalá nunca hubiera nacido.
Tembló.
Se agarró con más fuerzas las piernas, clavando sus uñas en su propia piel, las lágrimas resbalaban por su rostro sin poder evitarlo. Se odiaba a si mismo, odiaba su vida, sus palabras, odiaba sufrir tanto. ¿Por qué tenía que hacerlo? ¿Por qué no podía ser como los demás? No sabia siquiera lo que significaba vivir y ya lo detestaba, tanto que ni él mismo se daba cuenta.
Escuchó un golpe, un grito de su madre. Sabía lo que había ocurrido. Él la había golpeado, de nuevo. Cuando no le encontraba ella solía pagar los enojos de su padre.
Silencio.
Unos minutos de silencio y la puerta de la cocina se abrió de nuevo. Aguanto la respiración como pudo, no quería que él supiera que estaba ahí escondido. Unos brazos le atrajeron. No era su padre. Era ella. Se abrazo al cuerpo de su madre y lloro en sus brazos.
-Tranquilo, amor, ya esta, ya paso. Se ha terminado. -Escuchaba las palabras de su madre sin poder dejar de llorar.
¿Había terminado?
¡Nunca terminaría! La paz duraba un día, quizás tres… y vuelta a empezar. Vuelta a los gritos, insultos, golpes y al miedo.
¿Había terminado?
¡Nunca terminaría! La paz duraba un día, quizás tres… y vuelta a empezar. Vuelta a los gritos, insultos, golpes y al miedo.
Solo había un final, solo una manera de que terminase.
Algún día su padre golpearía más fuerte y todo habría terminado. No sabía si se iría solo o ese monstruo al que llamaba papá les arrancaría la vida a los tres juntos, pero esa no era la pregunta que más miedo le daba.
En su cabeza solo una daba vueltas. Sabía que el final llegaría, con menos de 6 años lo había asumido, no temía a la muerte. La pregunta que más temía era otra. Más terrible y más sencilla.
¿Cuándo?
En su cabeza solo una daba vueltas. Sabía que el final llegaría, con menos de 6 años lo había asumido, no temía a la muerte. La pregunta que más temía era otra. Más terrible y más sencilla.
¿Cuándo?

11 comentarios:
Es desgarrador, muy bién relatada la sensación de miedo del niño, a mí me ha dejado la piel de gallina uf.Salu2.
Luz de Luna
Terrible, y no solo por la historia(Que es genial) si no por que por desgracia describes una realidad demasiado cierta en los últimos tiempos(con puntos magistrales, lo de "silencio" se me ha clavado) .
Un saludo,
Pedro.
Por cierto ¡Hola! que la smeana pasada no pude leer tu blog (cosa móa no te de tu blog) y no te había saludado :)
Si que es cierto que lo más triste de este cuento es lo real que es, y no solo en los últimos tiempos, esto ha ocurrido siempre, lo que pasa es que ahora una notícia da la vuelta al mundo y antes no lo veíamos.
Gracias por lo comentarios a todos.
Saludos.
Bueno lo primero Bienvenida!!! te la habría dado antes pero he estado un poco perdida...
La historia es muy dura por lo real del tema. Pero por otra parte, es genial, esta muy muy bien escrita. Como dice Pedro tienes puntos y frases magistrales.
Un beso y un placer leerte
Has estado ocupada en estos días q no te he visitado.
Sabes q siempre es un placer leer esas líneas tan sombrías, tan emotivas y tan intensas q escribes, pero debo decirte q este cuento no me gustó, y lo peor es q no estoy muy seguro del por q no me gustó.
Se q es una historia real, se q refleja sufrimiento, q está muy bien descrita y escrita, pero...
Quizas sea por q me llena de impotencia el sufrimiento infantil, y odio sentirme así, aunq esto lo motive una historia ficticia, o tal ves sea por q estoy conciente de q aunq sea ficticia eso no significa q no ha sucedido, o q no está sucediendo.
O tal ves sea por q la ternura de una madre magnificada por mostrarse junto a la cobardia de un mal llamado padre involuntariamente me provoca un temor de algún día convertirme en eso q tanto desprecio. Todos somos capaces de generar mucho mal.
En fin, q el hecho de q no me guste no te haga creer q no es buena historia :|
Puffffffffffff... tremendamente brutal!! Así definiría yo tu relato... Para mí, que estas cosas pasen es la peor de las atrocidades... Y la manera en la que tú nos lo cuentas y cómo describes lo que siente el pequeño y lo asumido que lo tiene... Joder! pone los pelos de punta!
Te ha quedado impresionante!! de verdad que sí.
Mil besitos y un sinfín de aplausos!!
Al diablo con los ángeles, hay veces en que el mundo terreno golpea sin cesar.
Muy bien transmitido, desde el punto de vista de un niño que hace ya mucho que perdió la inocencia.
Un beso
Te felicito por la historia, me ha impactado profundamente.
Un saludo.
Jo, me has desgarrado el alma...
Lo has escrito magistralmente, en serio, has captado mi atención por completo, he sentido el miedo y hasta el olor de la alacena.
Salu2
Chapeau! No hace mucho publiqué una entrada expresando mi odio hacia ese tipo de personas y tu relato describe muy bien esa situación bajo el prisma de un niño que ve como, y me parece genial la frase, detesta la vida sin apenas haberla vivido aún. Un drama muy bien narrado con una fuerza inmensa que impregna toda la lectura despertando ira,ternura,odio,incluso venganza al leerlo,pero sobre todo desprecio ante el maltratador.
Felicidades. Un abrazo!
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