martes, 20 de noviembre de 2007

9 de Noviembre

Miro el reloj, son las 5:25 y mi jefe me sonríe y me dice "Anda... vete ya", creo que nunca he acatado sus ordenes tan rápido. En menos de 7 minutos estoy saliendo por la puerta de la Nissan mientras las rodillas me tiemblan y el corazón late acelerado. Cuando entro por la puerta de casa veo que la luz del comedor sigue encendida, mi madre, como prometió, continua despierta. Agarro las maletas y empiezo a gritar casi histérica, comprobando una y otra vez que el dinero, los pasajes y el pasaporte me acompañan. La despedida me parece exagerada, "¡Ni que me fuera a la guerra!" repito una y otra vez entre abrazos e intentando que mi madre deje de llorar. Por el camino al aeropuerto tengo que mirar mal a mi madre un par de veces para que vuelva a arrancar el coche y me lleve hasta el aeropuerto. De nuevo, más lagrimas y, por fin, me suelta.

Los primeros pasos en lo que es mi primer viaje sola, son liberadores, las piernas ya no me tiemblan y una sonrisa se va dibujando poco a poco en mi cara. El tiempo pasa extraño. En un rato estoy en Madrid y es donde me doy cuenta de que facturaron mis maletas hacia Monterrey... ¡Y yo no voy a Monterrey! Con las instrucciones de salir cagando leches en cuanto llegue al DF para hablar con alguien de Iberia y detener mis maletas, continuo mi viaje. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy sobrevolando el atlántico con una enorme caja de caramelos (que no resultaron ser de regaliz >.<) y calmo mis nervios hablando con la chica que se sienta a mi lado, que es del Distrito Federal. Cierro los ojos e intento dormir un poco, cuando los abro, resulta que lo primero que escucho es algo como "Dios me ayudo mucho en mi camino" dudo un rato en si abrirlos del todo o darme la vuelta y hacerme la tonta, al final, las frases de las chicas me hacen abrirlos del todo. Resulta que me he ido a sentar entre un grupo religioso que anda de viaje cristiano en busca del camino de Dios. ¡Mira que había asientos! Pues nada, la chica se pone a hablarme de Dios y, como ya llevábamos horas hablando, ahora no iba a enviarla a ningún sitio, ¿no? Así que hago como que la escucho mientras me regala un libro llamado "Buenos Días, Espíritu Santo"... ya podéis imaginar mi cara de espanto, pero.... como dije, ya no iba a ponerme borde con ella a esas alturas. Sólo volví a dormirme e intenté no hablar mucho del tema religioso.

La luz que indica que debemos volver a ponernos los cinturones de seguridad se enciende y el piloto nos dice que vamos a aterrizar. Todos los nervios vuelven y un nudo se apodera de mi estómago. Las puertas se abren y camino hacia la terminal con mi equipaje de mano, puesto que mi maleta va camino de Monterrey a menos que me de mucha prisa.

Llegado ese punto todo es confuso, estoy sola, en un aeropuerto enorme y no sé donde esta el Stand de Iberia para reclamar mi equipaje, enciendo el teléfono móvil y apenas me queda batería, no tengo cobertura y no veo a Sol por ninguna parte. ¡Perfecto! A esto le llamo yo una entrada triunfal... Como no puedo esperar porque sino embarcaran mis maletas hacia Monterrey cruzo el aeropuerto lo más rápido que puedo mientras anoto todos los teléfonos en un papel, por si mi móvil decidía morir del todo y yo seguía sin encontrarme con Sol. Llego al Stand de Iberia y consigo que me solucionen lo de la maleta "ahorita mismo" o sea, en una hora...

Entonces es cuando busco una cabina e inserto esa tarjeta telefónica que acabo de comprar sin saber muy bien si era del importe necesario para llamar a España (que ya hacia como 45 minutos que mi vuelo había llegado y mi madre debía de estar denunciando mi desaparición a la policía) y luego a Sol.

Entonces, mientras la cabina me dice no sé que mierda de que cuelgue el auricular, la veo. Esta a muy pocos metros de mí, con una blusa roja, unos pantalones negros y mi flor favorita en la mano. Ya no me puedo mover, solo consigo saludarla con la mano, de hecho, aún no comprendo porque me vio justo cuando hice el ademan de llamarla, puesto que nunca llegué a decir su nombre. Todas mis palabras se habían quedado atrapadas en mi garganta. Camina hacia mí, no sé si tan nerviosa como yo o más, sólo sé que ella es capaz de caminar y yo sigo con el auricular en la mano, la tarjeta en la otra y una cara de idiota que podría ganar un campeonato. Entonces llega frente a mí y me beso en la mejilla izquierda, en las décimas de segundo que llevaron a sus labios de mi mejilla a los suyos pensé mil cosas, pero, básicamente era "¿Por qué me besa en la mejilla?" repetido como mil veces, hasta que sus labios se encontraron con los míos y todo estuvo bien. Es extraño ese primer beso, porque no pareció el primero, parecía que fuera la continuación de algo, como si nuestros labios se reconocieran y solo estuvieran saludándose de nuevo. Abrazos, más besos, en los labios, en el cuello, en su cabello... y yo que sigo con el teléfono en la mano.

Gracias a Sol consigo llamar a mi madre, porque entre los nervios por tenerla cerca y que no me aclaro, no consigo hacer nada bien, creo que me tiene que decir dos veces que cuelgue el auricular antes de que comprenda lo que esas palabras significan. Le explico el problema de mi equipaje y que tengo que esperar una hora para poder recogerlo, así que vamos a tomar un café a un bar del aeropuerto. Allí es donde me doy cuenta de que su blusa es muy, muy, muy escotada, creo que ella no se dio cuenta, pero yo no comprendo como no vio que me perdía por ese escote cada vez que la miraba. En la mesa, tomando café, es cuando veo que ambas estamos temblando y que nos miramos como tontas mientras nos mordemos los labios y no soltamos nuestras manos. ¿De que hablamos? Ni lo recuerdo... Supongo que del viaje, de mi maleta perdida, de su viaje, del tiempo, de que parecíamos dos flanes que no dejaban de temblar y de que era bueno ver que las dos estábamos igual.

Antes de darme cuenta, ya ha pasado una hora (¿Será que el tiempo a su lado pasa más rápido?) y tengo que entrar a por mi maleta, me levanto feliz de la vida y dejo a Sol con mi equipaje de mano. Desde luego que, si sólo quería mi dinero, ese fue el mejor momento para robarme, mi hermana aún me dice que si llega a salir mal me quedo compuesta, sin novia y sin dinero... pero cuando salí de nuevo por las puertas, con mi maleta, Sol continuaba en el mismo lugar que la deje, con ese maravilloso escote e intentando hablar con un tipo que no hablaba nada de castellano. Me acerqué hasta ella, pagó (sigo pensando que pago muchas más cosas con yo por eso de que no me aclaraba muy bien con la moneda) y nos fuimos a buscar un taxi.

Si quieren saber que paso al otro lado, lean aquí.

3 comentarios:

Neferura dijo...

Había algunos detalles que no sabía, como lo del escote, juro que no me dí cuenta. Lo recuerdo y ahora me da risa aunque en esos momentos estuvieramos preocupadas. Me alegra haberte conocido, me alegra que seas mi vida. Y que las dos nos hayamos sentido igual en todo momento.
Te amo.

Eris dijo...

Me doy un paseito por aquí. Que monas son ^^ Que bueno que les haya ido bien en el aeropuerto y menos mal que no te perdieron la maleta -.-

Ariniel dijo...

Si es que los de iberia ya se sabe. Eso con Ryanair no pasa (aunque dudo que Ryanair cruce al otro lado del charco, porque son vuelos irlandeses xD). Eso si, son unos careros de mieeeeerda.

en fin, que casi se puede notar el nerviosismo de entonces mientras lees.

Besitos.